1.2014 Los críos crecen y ya ganan

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En 1990 se produjo una explosión ciclista. Una explosión que aconteció ya en primavera, cuando un prodigio de la elegancia llamado Gianni Bugno ganaba en San Remo. A los pocos días el mismo Bugno se imponía en el Giro siendo líder de principio a fin desde la crono de Bari, a la llegada de Milán. Por detrás dejaba un testigo de la vieja guardia, del modelo de ciclismo de los ochenta, Charly Mottet. Poco después Greg Lemong se hacía con su tercer Tour, pero florecía la flor más vistosa de los últimos veinticinco años, Miguel Indurain, quien con un pedalear redondo y fluido daba la puntilla al americano en Luz Ardiden. El relevo llamaba a la puerta.

Como Indurain, como Bugno, también anhelaban grandes logros otros ciclistas como Erik Breukink, el más precoz del grupo y tercero en el Tour, a costa de Pedro Delgado, o Raúl Alcalá, el compañero mejicano de Breukink. Entre los cuatro formaban el núcleo duro de la generación del 64, los ciclistas nacidos ese año mágico que dio tan buenos momentos y mejores jornadas de ciclismo.

Hoy, en 2014, muchos años, después el año 1990 alumbró un serial de ciclistas que poco a poco empieza a reinar en los grandes foros del ciclismo. Son posiblemente algunos más y su calidad se deja sentir. Miren qué retahíla: Nairo Quintana, Michal Kwiatkowski, Peter Sagan, Fabio Aru, Tom Dumolin, Thibaut Pinot y Romain Bardet, sin obviar el representante español, Jesús Herrada, que despacio y con buena letra, como Indurain en aquel entonces, escribe a renglones seguidos.

En enero de 1990, nació uno de los grandes prodigios del ciclismo moderno, Peter Sagan. El nuevo compañero de Alberto Contador, a quien divierte con sus cucas piruetas en las concentraciones canarias, acaba de cerrar el año más aciago desde que accedió al primer nivel, de eso hace ya cuatro años. Sagan ha acumulado tantos segundos puestos que le marcan el camino de los muchos cambios que quizá deba realizar en su forma de correr y entender el ciclismo. Cantidad no es calidad y a Sagan quizá ya no se le pida capacidad anotadora, que la sigue teniendo, y sí grandes logros. La próxima primavera dirá si ha enderezado su meteórica progresión.

Un mes más tarde que Sagan vino al mundo Nairo Quintana, el colombiano de sonrisa tan fácil como sincera. Ganador de un Giro, su año quedó en interrogante por la dolorosa retirada de la Vuelta. A la vista del recorrido planteado y sus excelencias escaladores y fondistas, el Tour de 2015 es una oportunidad tan en bandeja que posiblemente ni se le vuelta a plantear.

En mayo del mentado año, mientras Francia se sumía el amplio letargo que aún le acongoja, nacía Thibaut Pinot, un despeinado francés de la gélida zona de los Vosgos con piernas de dinamita cuando la carrera mira al cielo. Podio en este Tour, sus miedos en los descensos parecieron leyendas mal contadas y ahora ve como desde su Tour las cosas se le ponen a huevo. Tanto él, como el más joven de la camada, Romain Bardet, nacido en noviembre de 1990, son las piedras angulares del nuevo ciclismo francés, el de más tradición y peor pasado reciente de entre las grandes potencias.

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Un mes más joven que Pinot, tenemos a un polaco que corre como le pide el cuerpo: Michal Kwiatkowski, un ciclista de quilates infinitos cuyo diccionario no incluye la palabra especulación. Enseñó el dorsal a Sagan por las calles de Siena y al medio año fue campeón del mundo en Ponferrada, por medio una omnipresencia casi sangrante emanando un ciclismo de ataque y ofensivo que han llenado parte de los mejores momentos del año.

En julio de 1990, mientras Claudio Chiapucci arañaba sus opciones frente a Lemond, en Italia nacía Fabio Aru, un larguirucho grimpeur italiano que trepa como los ángeles y amortiza sus participaciones con grandes triunfos, etapas en la Vuelta, etapa y podio en el Giro,… y todo siempre con grandes nombres bailando alrededor. Contemporáneo a  Aru es Nacer Bouhanni, el velocista peleón que en su camino hacia el Tour se fijó un tridente de éxitos en el Giro y dos en la Vuelta. Curiosa forma de protestar, quizá la mejor, ganando y no en cualquier sitio. Ahora de rojo en Cofidis apuntará a lo más alto y en su camino posiblemente se cruce un ciclista de difícil molde, Michael Matthews, de septiembre de 1990, con un palmarés tremendo en calidad y variedad: su triunfo en medio de la batalla de Montecasino le abre grandes posibilidades en muchos terrenos.

Y acabamos haciéndolo con un tremendo potro naranja, Tom Dumolin, un ciclista de segundo orden hasta que empezó a imponer su rodillo en las cronometradas y dejarse ver en pequeñas vueltas. Sólo un fenomenal Tim Wellens le privó del Eneco Tour, pero su podio en Ponferrada, en la crono, por detrás de Wiggins y Tony Martin evidencia madera. La misma que muestran otros, quizá menos conocidos, pero con proyección, hablamos de Rohan Denis, Sonny Cobrelli y Tom Asbroeck. Todos, como el pequeño de los Herrada, vinieron a este bendito lugar en 1990.

Imagen tomada de www.cannondaleprocycling.com

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1 COMENTARIO

  1. Es una generación que nos puede hacer soñar con brillantes gestas a partir de ahora. Alguno se puede quedar por el camino y otros, como Kelderman, un año más joven, se pueden unir. Ojalá Herrada siga progresando. Tiene mucha clase. Muy interesante el post.

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