1 x 13. En la piel de Purito

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En el libro de Cyrile Guimard hay un interesante punto de vista sobre Raymond Poulidor. Aunque el apellido de este ciclista agarrado al terruño, como lo describió Luis Ocaña, pasó a ser el sinónimo universal de “segundón”, la descripción de Guimard habla de un corredor muy inteligente, calculador y óptimo. El ciclista apodado “Poupou”  desvirgó la fama del número uno, Jacques Anquetil, para hacérsela suya. Ya saben, el cariño que siempre desprende el derrotado pero con una ejemplar gestión del sentimiento que desprende.

En Purito hay muchas cosas de Poulidor. Le falta el gran triunfo, aunque dos Lombardías luzcan en su vitrina, tiene un carisma enorme y es listo en carrera, y fuera de ella. Añado, cuanto pasan los años, es más y más listo como si su castigado cuerpecito necesitara de una dosis de mentalidad para suplir las obvias carencias del físico.

Si hay un corredor que debe estar omnipresente en cualquier crónica de la primera mitad de la década que estamos viviendo es él. Cuatro años lleva en Katusha y no ha bajado de la segunda plaza del ranquing UCI siendo el primero en tres ocasiones. 2010, 2012 y 2013 finalizaron con un español al frente del termómetro de cabecera por delante de ganadores de  Tour, de los mejores clasicómanos incluso de los muñidores de etapas y triunfos parciales.

Lo hemos dicho muchas veces, y cabe la opción de repetirnos, de Purito gusta casi todo. La lectura plana que hace de la carrera, su forma de enfocarla y la determinación que muestra cuando sabe que la tiene en órbita son además explicadas con naturalidad y sencillez inusitadas. Si gana no esconde la felicidad e incluso hace partícipe a quien le escucha a través del micro, si pierde no cicatea explicaciones ni regatea excusas, simplemente admite que hubo uno mejor y que no estuvo a la altura. Pocos pueden digerir con tal grandeza la derrota de Fuente De en la Vuelta de 2012, con el liderato casi cosido al alma y pocos días antes de llegar a Madrid.

Pero hay un día grabado a fuego en la entraña de Purito. Es una tarde florentina remojada por la lluvia de mediodía y amargada por el desenlace más increíble que hemos visto en un Campeonato del Mundo. Ser subcampeón mundial cuando a dos kilómetros poco menos que estás enfriando el cava es duro, tremendo. Cuando ves llegar a un corredor de la nada, pensando que un compañero tuyo lo estaba marcando, quieres que la tierra de trague y te escupa en las antípodas.

Las lágrimas de Purito en Florencia fue una de las imágenes del año. Aquello era un cirio atosigado por la llama deshaciéndose como a Dalí los relojes entre las ramas. Se rehízo en una semana, demostrando que para crecer hay que pasar página, pero el fuego del momento ha dejado brasas latentes, y aunque Purito y Valverde sigan siendo amigos, o vuelvan a serlo, esas cosas son complicadas de olvidar y mucho menos cuando hablamos de personas cuyo motor es la ambición, pero no una ambición mundana, legítima y veraz, no, hablamos de una ambición que rompe el físico cuya entrega y sufrimiento no alcanzamos a entender.

Y en estas Purito confirmó que en 2014 no estará en el Tour cuyo podio pisó este año. Con sólo dos participaciones en la ronda gala no sé si es apresurado decir si volverá o no, pero su vinculación con el Tour ha sido casi impuesta, obligada, como si su factura de grande de su tiempo le empujara a estar presente, o hacer acto de presencia en Francia. Sea como fuere, tomemos nota, el Tour no hace grande a un ciclista y sí al revés, y si un ciclista opta a otros triunfos que no sean el Tour, puede ser igual de grande como el que más. Y Purito lo ha demostrado.

 

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.lasprovincias.es

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