Un bronce que sabe a oro pero que debió ser oro

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Cuando acaba el mundial de pista, nos ocurre como cuando finaliza la campaña de ciclocross, ya estamos contando las horas para el siguiente, si bien en la modalidad cubierta tenemos la suerte de volver a verles en acción en breve, en Río, cuando las olimpiadas aterricen el Brasil.

La cita de Londres se cerró con la madison, la americana, una carrera trepidante, llena de alternativas que tiene la virtud de excitar a los aficionados acérrimos y desesperar a quienes no tienen idea de pista, porque nunca saben dónde va la cabeza ni cómo va la carrera, porque los ven a todos dando vueltas a lo tonto mezclados.

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Ciñéndonos a la carrera, lo cierto es que, y creo que nunca pecamos de forofos, la pareja española, Torres y Mora, fue objeto de marcaje, estrecho y claro, casi tan obvio como el que se impuso al dúo anfitrión que a la postre sería campeón, el formado por Wiggins y Cavendish.

Dicho esto fue tremendo y muy meritorio ver a Torres, con más del 80% de a carrera consumida agarrarse a un “hors clase” como Wiggins, ojo que eso son palabras mayores, que se lo cuenten a Clancy, una leyenda en lo suyo.

Apena no obstante ver que estos chavales logran lo que logran en base a tesón y apuesta personal, en un mundo muy alejado de lo que implica la palabra “profesionalismo”. Verles jugarse la suerte contra dos pros del tamaño de Wiggo y Cav implica un desigual pulso que viene viciado de inicio. Sé que siempre ha sido así, pero ello no implica aceptarlo sin más.

A la luz de la calidad de Mora, campeón del mundo de scracth, de Torres, campeón de americana hace dos años, y Teruel, este año no ha tenido opción en la puntuación pero que años atrás ha sido subcampeón, ¿cómo es posible que la cuarteta no vuele más alto? Y hablo de la persecución olímpica porque en ella está la beca.

Calidad hay, es obvio, e incluso otros nombres para redondearla, dice Mellá que “tenemos mucho trabajo”, esperemos que volvamos a ver otra cuarteta en los juegos, aunque para eso deberemos esperar cuatro años. A ver quién aguanta hasta entonces.

Imagen tomada de la RFEC

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