Los rasgos de la Vuelta de las estrellas

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Una vez más por estas fechas como es tradición se va a poner en marcha la Vuelta Ciclista a España, que va a cumplir su 71ª edición. Como novedad destacada cabe hacer hincapié en la incursión que realizarán los ciclistas participantes en las cuatro provincias de Galicia y en los territorios del norte de nuestro suelo ibérico, lo cual contrasta con el itinerario de la prueba que se vivió el pasado año, un recorrido que anduvo con preferencia en la zona sur de Andalucía. Se nota, eso sí, la ausencia de la caravana ciclista en el territorio catalán. En cierta manera, globalmente, los organizadores han querido congratularse con los miles y miles de aficionados con que cuenta el norte de nuestra península, que siempre ha mantenido una evidente afinidad a favor del deporte de la bicicleta.

No se puede contentar a todos

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Como es materialmente imposible pedalear a lo largo del contorno de la periferia de nuestra península en un espacio de tiempo que se prolonga por el espacio de apenas tres semanas, es comprensible que haya habido parte de los residentes de nuestro país que este año no podrán contemplar en directo el paso de la concurrencia ciclista. Esta vez, la caravana multicolor rodada cambia en cierta manera de rumbo, repetimos, decantándose con preferencia por pisar los confines norteños. En una palabra, es que no se podrá contentar a todos. Se favorece a unos con este espectáculo de las dos ruedas y al mismo tiempo se perjudica a otros que no podrán gozar de este gran advenimiento deportivo de manera directa.

Diez llegadas en alto impondrán su ley

La característica primera que predomina en la ronda española, es que se iniciará en el emplazamiento del Balneario de Laias (provincia de Orense) bajo un circuito de 29 kilómetros de recorrido a disputar en la modalidad de contrarreloj por equipos, lo cual viene a seguir la pauta vivida en años anteriores, cuando se llevó a cabo este mismo género, sea en Sevilla (2010), en Benidorm (2011), en Pamplona (2012), en Vilanova de Arousa (2013), en Jerez (2014) y Puerto Banús (2015) con el espectáculo que supone la lucha entre las diversas escuadras, un hecho más bien vistoso que agrada a las gentes del lugar. Todos lo sabemos, sinceros en decirlo, que es un espectáculo cara a la galería y nada más.

Dejando aparte este inicio un tanto dinámico, hemos de señalar que se han incrementado las dificultades de la Vuelta que nos ocupa. Efectivamente, se afrontarán una docena o algo más de etapas de media y de alta montaña sobre su totalidad que suman veintiuna. Es un dato significativo, por ejemplo, que en diez ocasiones la línea de llegada estará emplazada en una cima, lo cual nos da a entender que imperará mucha movilidad en el seno del gran pelotón, sin lugar apenas a dar alcance a las treguas convenidas. Se impondrá desde un buen principio por lógica una acción selectiva entre los concurrentes.

En contrapartida y como compensación, los organizadores han procedido a acortar el kilometraje de las etapas para no cargar las tintas ante distancias un tanto prolongadas que en el fondo contribuyen a sacar emotividad a la carrera. Si los kilómetros a cubrir son muchos el corredor por regla general tiende a reservar sus recursos físicos y a pedalear en comparsa a tren vivo, pero más bien monótono.

Las cimas agraciadas con final de etapa en alto serán las siguientes: Subida al Mirador de Ézaro (3ª etapa), San Andrés de Teixidó (4ª), La Camperona (8ª), Alto del Naranco (9ª), Lagos de Covadonga (10ª), Peña Cabarga (11ª), Col d´Aubisque (14ª), Aramón Formigal (15ª), Camins de Penyagolosa (17ª) y Alto de Aitana (20ª); es decir, un conglomerado de diez puertos, unos de cierta categoría y otros, algo más débiles, pero de consabida dificultad.

Figura tan sólo un sector individual contrarreloj de 39 kilómetros entre las poblaciones de Xábia y Calpe, que se sitúa oportunamente en la fase final de la Vuelta, que deberá dar más incertidumbre a la contienda, marcando unas diferencias de tiempos de cierta trascendencia entre unos y otros contendientes. Con todo y así la influencia de las manecillas del reloj, léase contrarreloj, en esta edición, no tendrá tanta repercusión frente al resultado final de la prueba. Con diez llegadas en alto, repetimos, los escaladores jugarán con ventaja, una ventaja que les beneficiará en gran manera en detrimento de los ciclistas más bien catalogados como rodadores.

Otro factor digno de ser mencionado es que de las veintiuna etapas de que consta la Vuelta, los dirigentes de la ronda se han afanado en colocar en un plan puramente propagandístico finales de etapa en nada menos que nueve poblaciones inéditas; es decir, han buscado nuevos horizontes para dar a conocer de manera palpable las grandezas que encierra la Vuelta.

Las estrellas del momento en la contienda

La participación, en general, es sumamente atractiva y sobre todo nos cabe destacar el retorno y presencia de nuestro máximo exponente, Alberto Contador, que vuelve a la ruta tras ausentarse de los ruedos ciclistas como consecuencia de las dos aparatosas caídas que sufrió en el último Tour, que motivaron su obligado abandono y el fin a sus esperanzas.

Previa hojeada de la relación de participantes inscritos, no podemos por menos que nombrar entre los valores más cotizados la llamativa presencia extranjera, que comanda básicamente el ilustre británico Chris Froome, el reciente vencedor del último Tour, que secundan de cerca el colombiano Nairo Quintana, el italiano Fabio Aru e incluso nuestro representante, el español Alberto Contador, que retorna a la carretera. En un plano algo más inferior, dilucidamos al otro colombiano Esteban Chaves, al estadounidense Andrew Talansky, al sudafricano Louis Meintjes y al holandés Robert Gesink. Todos ellos son ciclistas que imponen un cierto respeto. Su actuación ahora constituye una incógnita. Las carreteras de la geografía española serán las que deberán dar su real veredicto.

Un inciso para recordar la ausencia en esta Vuelta del catalán Joaquim Rodríguez. El corredor de Parets de días nos ha anunciado su retirada definitiva del deporte activo. No está de más el considerar las cartas en juego de algunos de nuestros ciclistas españoles que concurrirán en la prueba por etapas. Anunciada la participación de Alberto Contador, no podemos por menos que nombrar al asturiano Samuel Sánchez, al madrileño Daniel Moreno, al navarro Mikel Nieve, al toledano David Arroyo y al vasco Haimar Zubeldia.

Un recorrido complicado

Un inciso final para decir que viendo el trazado de la Vuelta, generalizando un poco, nos encontramos con un esquema un tanto desordenado, desajustado. Se va saltado de un lugar a otro sin mucho orden ni concierto. Nos referimos específicamente a su recorrido. No nos plasma un itinerario siquiera algo circular, según las manecillas del reloj y alrededor de la nación. Los intereses económicos son tan influyentes que han desdibujado en esencia su trayecto. Sólo hay que poner sobre el tapete, a la vista, el mapa anunciador de la Vuelta y proceder a contemplarlo, del principio al fin. Se asemeja a un jeroglífico de difícil solución.

Nada más por hoy. A esperar, pues, el inminente inicio y el desarrollo de esta Vuelta a España, que iremos comentando en lo sucesivo, etapa tras etapa, en estas mismas páginas de El Cuaderno de Joan Seguidor. Motivados estamos en torno a las vivencias que nos aguardan en el curso de esta prueba, un acontecimiento deportivo de alto vuelo y contenido.

Por Gerardo Fuster

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