2.2014 El aliento de Valverde y Contador

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La paradoja vive instalada en España. Si el país se precia de una creciente desigualdad en lo social, su ciclismo, muchas veces fiel espejo de las realidades, vive en las mismas. La clase acomodada vive mejor y gana mucho y bien, el resto lo pasa peor.

Es curioso que hace poco escribíamos sobre la salud presente y futura de este deporte en este bendito país y en este último balance de año volvamos a las andadas. Sin embargo, esta vez queremos poner el foco en los dos mejores ciclistas españoles de este año que acaba y que en los últimos diez, llevan machaconamente repitiendo lo mucho y bueno que de ellos se esperaba.

Alejandro Valverde vuelve a ser, números en mano, el mejor ciclista del mundo. No lo duden estamos ante un ciclista irrepetible, como bien matiza su mentor, Eusebio Unzúe, quien etiquetó de “momento del año” el triunfo del murciano en La Zubia, en ese sendero recto que dio final a una etapa de a Vuelta a España. No siempre hemos estado de acuerdo con el técnico navarro, pero en esta ocasión le sobran razones para decir esto y quedándose corto.

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Lo que Movistar tiene en su casa es uno de los ciclistas más incalificables que hemos presenciado en los casi treinta años que llevamos viendo ciclismo. Un corredor que nació siendo una cosa, se convirtió en otra y acabó haciendo una tercera, pero es que además haciéndolo todo bien, salvo el Tour. En este periodo sólo tres ciclistas han permutado tanto y con tanto éxito, y no son unos cualquiera, pues hablamos de Laurent Jalabert, Johan Museeuw y Tom Boonen.

En este mal anillado cuaderno, Valverde es un tema recurrente. Siempre le exigimos más, estar donde no está, disputar donde no disputa -¿por qué no corrió San Remo este año?-, sin embargo las cifras son apabullantes: once victorias, diez segundos puestos y siete terceros. No admite más discusión, desde esta óptica, si bien nunca nos cansaremos de repetir lo erróneo de su hoja de ruta, de las carreras que podría ganar, de las tácticas que le impiden imponerse ,…

En el otro lado de la balanza Alberto Contador, un ciclista que al contrario que Valverde sí que se ha centrado en lo que sabe hacer: las vueltas por etapas. Su año 2014 reviste mucho mérito. Ya no hablamos de ganar la Vuelta tras la pantomima que montó en la salida sobre si su rodilla estaba más o menos maltrecha, nos referimos al conjunto de la temporada, tan redondo que hasta su peculiar jefe, el señor Tinkov, le da el aprobado.

Se vio desde un principio, desde el mismo Algarve, que éste no era el ciclista sombrío y opaco de hace un año, un ciclista desconocido, anestesiado, tan duramente derrotado por Froome en el Tour, que hasta algunos cuestionaron su porvenir deportivo. Partícipe de una de las mejores jornadas de ciclismo de la temporada en la que sentenció la Tirreno, fue sin duda un rival que se echó de menos en el monólogo de Nibali en el Tour. Para la Vuelta abrió el apetito del duelo con Froome, ese que debe ser la madre de todos los pulsos y que se espera a cuatro bandas en el próximo Tour.

Ya ven, del aliento de Valverde y Contador, sin olvidar a Purito tras una temporada aciaga, pende el futuro del ciclismo español, ése que ha pasado de 164 a 77 días de competición en seis años, ése que no tendrá más que cuatro equipos para el año que viene, uno de ellos WT. Quizá los nombres que vengan no animen tanto como los que están, pero el futuro es caprichoso y no menos el ciclismo. Hace 35 años, tras el ocaso de Luis Ocaña llegó un periodo similar hasta que en el Tour de 1983 unos locos azules hicieron historia…

Imagen tomada de http://www.lavuelta.com/

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