7.2014 Los cinco bombones del año

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Navidad, temprano, cruzamos el marco de la puerta del comedor, atisbamos el árbol, vemos cinco paquetes, bonitos y lustrosos. Lazos dorados los decoran, florecillas de papel los hilvanan. Preciosos. Raudos, abrimos el primero. Son cinco, sí, cinco paquetes que nos traen, que nos refrescan los mejores momentos del 2014 que se va, que se escurre de nuestras manos.

La marabunta flamenca de Cancellara

Flandes cambió su recorrido hace unos tres años. Fuera la capilla, lejos el Bosberg, estos emblemas se suben ya en otras carreras. Ahora son otros los lares que se atraviesan, y en cierto modo se resiente. Todos espetan a la última vuelta. Sin embargo, aunque breve, Flandes 2014 ofreció un espectáculo mayúsculo, supino.

Por delante pedaleó el ciclista más maltratado por la fortuna, Greg Van Avermaet, el contrapunto a la más triste y penosa táctica del Omega, el equipo con más bazas que corredores para trabajar. Atando a Van Avermaet, Stij Vandenbergh, chupando rueda indisimuladamente, esperando a no sé quién pues cuando Fabian Cancellara abrió gas, nadie, salvo Sep Vanmarcke le siguió. Los Omega naufragaron y Cancellara, siempre Cancellara, ganó porque al menos de su parte nunca queda nada en el tintero. El sprint más bonito del año, de cuatro ciclistas rotos por el cansancio para conquistar Flandes.

Descontrol en la Dauphiné

Hay equipos y equipos en el pelotón. Hay equipos poblados de figuras y medios, esos equipos corren generalmente encorsetados, rara vez sacan la pizarra. Se valen del talento que manejan para aplastar. Luego los hay de clase media, buenos bloques pero un escalón por debajo. En la última jornada de la Dauphiné, parecía que Alberto Contador lo tenía hecho, pero apareció el Garmin. Ryder Hesjedal se puso al servicio de Andrew Talasnky y reventaron la carrera y el pronóstico en la que posiblemente fuera mejor jornada de ciclismo del año.

El vuelo raso de Vincenzo Nibali

Es obvio que un triunfo como el de Vincenzo Nibali en el Tour, tan claro, tan contundente, acompañado de cuatro triunfos, ofrece muchos pasajes reseñables. Sin embargo el día que el italiano se ganó nuestra admiración fue ese que, entre el miedo de los rivales, se creció para propinar un golpe maestro en los adoquines como veíamos desde tiempos de Merckx e Hinault. Ese día Nibali no ganó el Tour, pero se convención de que estaba en su mano. Froome se quedó por el camino, “ahostiado”, Contador cedió demasiado tiempo. Un día de entre un millón.

Nairo quiere volar solo

La jornada reina del Giro de Italia se corrió en una nevera llena de escarcha. En el descenso del Stelvio se armó la trisca, azuzada por la propia organización y su descontrol de la carrera. Se habló de neutralizar, pero al final no hubo tal neutralización. Nairo cogió unos metros clave, mientras sus rivales se relajaban en la niebla. Fue un error faltal, al sutil escalador del Movistar ya no le vieron. El Giro más colombiano empezó a formarse ese día con la sensación de que Nairo le quedan muchos capítulos que escribir en oro.

Los corredores hacen grandes las carreras

El Eneco Tour es una de las carreras del WT que nació en medio de susceptibilidades y malos rollos. Sin embargo ocurre que a veces en estas carreras concluyen talentos de largo recorrido y en este Eneco, en el siempre lluvioso agosto del Benelux, Tom Dumolin y Tim Wellens nos dieron un recital el día que la carrera llegaba a la emblemática cima de La Reoute. Wellens, 23 años y apellido ilustre, es otro de los nombres a seguir, calidad y atrevimiento, no gana tanto como la generación del 90, es más joven, pero anda como los ángeles. Anoten su nombre.

Imagen tomada de www.ciclo21.com

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