99 días para un desastre olímpico

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Ayer el compañero Luis Román hacía las cuentas, y le salían 100 días para llegar a las pruebas de ciclismo del programa olímpico de Londres. Algo más de tres meses en resumidas cuentas para que este deporte ruede por las calles e instalaciones de la hermosa capital británica con la suerte para nuestros ciclistas muy en el aire. Siguiendo el relato de pruebas y disciplinas que Luis realiza en su ilustradora entrada, queremos dar nuestra versión sobre lo que esperamos ver entre julio y agosto en la urbe que será ombligo mundial durante dos semanas.

Lo haremos desde un punto de vista quizá diferente al que adoptaría un medio generalista, pues a la siempre obsesiva cosecha de medallas cabe añadirle matices, tales como el origen de las mismas, algo que siempre se pasa por alto, pero que sugiere el trabajo de país en sus deportistas. Pues no es lo mismo, por poner el ejemplo de Pekín, la medalla de Samuel Sánchez que la de Leire Olaberria, por producirse la primera en manos de un profesional con sueldo ajeno a las arcas públicas y la otra mediante becas y otras ayudas que el deportista necesita para medirse en estos pagos.
Y es que no nos engañemos, la salud de país y su deporte no se mide por equipos en la ronda final de la Champions o número de compatriotas en las mangas decisivas del Rolland Garros. El baremo lo hallaremos cuando veamos el lugar de España en el medallero de unos juegos y ojo por que el vivero de medallas en un alto porcentaje llegó en las dos últimas ediciones desde el ciclismo en pista en particular, y ciclismo en general.
Y qué tenemos en el velódromo, pues no mucho la verdad. La mejor generación de ciclismo en pista que arrojó siete medallas entre Atenas y Pekín se diluyó por la aplastante lógica de la edad dejando una buena serie de ciclistas tras ellos. Pero hubo dos problemas, uno que la mayor parte de nuestras bazas son fondistas y hete aquí que el reglamento aprobado hace tres años, sí en pleno ciclo olímpico, penalizaba el fondo y potenciaba la velocidad, donde nuestra elite rueda lejos de las referencias. Y el otro llegó por los sempiternos problemas de las burocracias, rencillas y otras vías de entorpecimiento generalizado en la labor de quienes saben. Miren si no cómo funcionan las cosas en la todopoderosa Gran Bretaña que le invita a Geraint Thomas a ganarse la plaza en el Mundial, sin amiguismos renunciando a la París-Roubaix a la que opta con claridad. 
Ahora mismo, con el mundial finalizado y el contador a cero podios, el panorama no es muy diferente al que dibujamos en noviembre. Leire es todo tesón pero le crecen los rivales, igual que a Eloy Teruel. En los denostados ómnium hemos visto la luz durante estos años, pero parece que en este ejercicio olímpico sus progresos pueden tocar techo ante la concurrencia, incluida además en selecciones que ponen medios y técnicos para mejorar. La cuarteta marca tiempos de récord de España pero tampoco vale. La evolución de otros ha dejado el registro que nos diera el bronce en Atenas en antigualla y ahora todo pasa por ir de frente contra combinados mejor situados.  Y es que quien puso orden en la cuarteta para darle a España podio mundial y olímpico trabaja ahora en otros menesteres hastiado de un sistema muy lejano al perfecto funcionamiento. Jaume Mas sí, me refiero a él. Si se logra algún diploma nos daremos con un canto. 
Por tanto nos quedaría mirar hacia otras disciplinas. Dado que en el incipiente BMX España está lejos de las mejores potencias, carretera y BTT son las bazas factibles para lograr algo. Miremos en la primera. En la crono mutis por el foro y la ruta la olímpica es una puñetera lotería por mucho que llevemos al campeón vigente. Quizá las buenas sensaciones que transmite Oscar Freire puedan cambiar una percepción a priori pesimista. En las ruedas gordas José Antonio Hermida parte como capitán. Subcampeón olímpico hace ocho años y campeón del mundo hace dos, el catalán es a día de hoy la mejor baza para que el ciclismo español no se vuelva con lo puesto de Londres. Y es que, tomando el post de Luis, podemos vernos de cinco a cuatro medallas y de cuatro a nada en ocho años. Terrible varapalo. 
Foto tomada de www.arquitectitis.com 

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