A estas alturas, lo de Gerrans no es suerte

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Ciento y pico años de la Milán-San Remo sin ganar un canguro y las dos últimas ediciones que se van para las Australias. Una vez Matt Goss rompió la estadística hace un año, Simon Gerrans bendijo el proyecto GreenEdge imponiéndose en una edición que por fin rompió el serial de sprints que asolaba la primera gran cita de la temporada.
Un tío que nunca perdona
Gerrans lleva tiempo argumentando porqué es uno de los ciclistas con flor del pelotón. Y no hablamos de flor en términos de suerte, ni azar. Lo hacemos en clave de gracia, disposición, sapiencia. Al australiano le supo a gloria ese momento, una vez pasada la primera curva de herradura del descenso del Poggio, verse en compañía de similares podencos como Fabian Cancellara y Vincenzo Nibali. El primero, todo purasangre, no gana un sprint a no ser que sea consigo mismo, el otro en una volata de tres queda cuarto. Le vimos en Córdoba hace un año. Con tales elementos tirando de él, y sin un equipo de la capacidad del Sky contrarrestando por detrás, Simon lo tuvo a huevo y obviamente no perdonó.
Cuando vemos Gerrans amasar un palmarés del tal calibre, etapas en las tres grandes, Tour Down Under y ahora la Milán-San Remo, siempre nos acordamos de aquella jornada en Prato Nevoso, donde Pereiro volvió a nacer, cuando le jodió literalmente su etapita Tour a Egoi Martínez. Al parecer el canguro, entonces en el desparecido Credit Agricole, le puso morritos de fatiga al vasco. Le dijo que iba muerto y el bueno de Egoi empezó a saborear el triunfo. Gerrans le fastidió la etapa en la misma línea de meta.
Gerrans, como Nuyens el año pasado, ha evidenciado que la fuerza sin control no es fuerza, como decía el anuncio de afeitadoras. Cancellara sólo ve lo que encuadran sus gafas y poco más. No lee entre líneas. Su poderío innato le impide saber que en las clásicas, a diferencia de las grandes vueltas, correr a saco sólo puede comportar grandes decepciones y Fabian lleva una serie de podios que seguramente le espoleen para las citas del pavés. Por su parte de Nibali qué decir, pues que le vemos como la eterna promesa que no explota en las clásicas que parecen para él diseñadas. El año pasado dio espectáculo en Lombardía y acabó de telonero de Zaugg, hoy realizó un explosivo “solo” en el Poggio, al nivel del mejor Fondriest, pero se difuminó en el descenso a rueda de Spartacus.
Lo lamentable para las aspiraciones patrias es que Freire, tras verse mejor arropado que nunca, comprobó cuán minúsculo fue su Katusha frente al músculo de Cancellara. Decía Freire en La Razón “no me vale ser segundo”. Pues ha sido séptimo. Una apreciación sí que celebramos, cuando la MSR se pone realmente dura y se convierte en un “maricón el último” Mark Cavendish se disuelve. Lo sentimos por el británico, pero sus triunfos suelen llegar tras soporíferas sesiones y eso el ciclismo no se lo puede permitir.
Tenemos habilitada nuestra encuesta sobre el monumento que os enamora. Arriba a la izquierda. Avanti. 
Fotografia tomada de www.esciclismo.com

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