A la Volta, como la primera vez

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Dicen que la Volta es patrimonio inmaterial de Catalunya. Como el pan tomàquet, como la sardana, los castellers,… no les falta razón. La Volta es hilo histórico de este lugar. Nació hace 101 años. Tiempos convulsos aquellos, prolegómenos de la Gran Guerra, nada menos. Durante esa primera guerra mundial creció y asemejó sus primeras formas. Vivió sobre la dictadura de Primo de Rivera, transitó por la República y sólo emergió un paréntesis en la Guerra Civil. Tras ésta se denominó Vuelta a Cataluña. Tuvo el leal soporte de Pirelli, su gran premio muchas veces. Tiempos de grisáceas instantáneas. Hollada por Mariano Cañardo, su mejor ciclista de siempre, le sucedieron los más grandes de la historia.

David Cañada, un triunfo muy merecido
Los tiempos modernos no han sido fáciles para el grupo coordinado por Rubén Peris. La crisis llegó hace unos cuatro años, dicen los expertos, pero las vacas flacas aterrizaron en ella desde antes, y claro con las premuras de los últimos años los problemas se han agudizado. La misma serpiente invisible que nos ha dejado sin Escalada a Montjuïc ni Setmana Catalana, ha amenazado con morder la decana. Se resiste, por muchos motivos, por la fe de unos cuantos locos de esto, por el innegable apoyo de las instituciones,… que este 2012 sea punto de inflexión.
Mi prehistoria con la Volta arranca de finales de los ochenta. Cada mes de septiembre la carrera de Sants venía a la puerta de mi casa de siempre a visitarnos con los grandes del momento exhibiendo ese compromiso que ahora ahuyentan los mejores, al menos algunos. Por los  “chapados” puestos del mercado de Sants aquel repelente mozalbete reconocía sus ídolos. Aquel Perico enfundado en PDM, a puertas de hacerse grande en el Tour. Ese Sean Kelly, recuerdo líder, encofrado en  este maillot blanquiverde como recuerdo a la bandera andaluza que giñó su creador, Miguel Arteman, de origen en el sur de España. Los dos Systeme U eran Charly Mottet y sí, el megaodiado Laurent Fignon. Qué nombres, qué época, qué gente. Qué admiración, rara vez despertada por nuestros contemporáneosquizá porque aquellos eran vistos por los ojos de un niño.
A la sombra del monumento del ciclista erguido por esas fechas en el corazón de Sants, en la plaza que ahora se dedica al “Avi Torres”, uno de los legendarios de la carrera, le pedí uno de mis primeros autógrafos a un risueño Peio Ruiz Cabestany quien encajaba con filosofía las vaciladas de mi progenitor.
Con la Volta me hice grande. Ese Lale Cubino que ganó como campeón de España la carrera en Port del Compte, un lugar frecuentado en los noventa. Sí, Miguel Indurain, de quien guardo una magnífica instantánea cerca de la Alcaldía modernista de  Creu Coberta, lugar que también se situaba en el mapa usual de la carrera. Momentos en los que conocí a José Manuel Oliván en Plaza Catalunya, mis primeros pinitos con el amigo Capdevila del Sport en la Ciudadela. Incluso la seguí algún año encajado en la organización generado un increíble álbum de fotos que algún día prometo traer aquí con Boardman, Escartín, Perico, Casero, Chiapucci,…  En la Volta nací para este mundo, crecí y le debo parte e de lo que soy. Siempre me quedará a fuego su biblioteca y su mentor, mi amigo de siempre Ferran Bellfort. Con ella debute en Ciclismo a Fondo cubriendo al Chava, con ella conocía los matices de mano de Heras, de Beloki, de Popovich para el Meta. De la Volta presente pienso disfrutar, aunque de forma ajena, si bien este año, gracias a Dios, con la tele en directo, que ya era hora.
Sigue vigente nuestra encuesta sobre tu mejor clásica de primavera. Agradecemos vuestro voto. 

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