A pesar de todo, hay Vuelta

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Lagutin cruzaba la meta y no se lo creía. Llevaba un brazo vendado. El dolor que tuvo que soportar no nos lo podemos imaginar. Acababa de subir a quemarropa un cortafuegos asfaltado hacia unas antenas por las crestas que asoman al valle de Sabero, un lugar en el que, como decía mi padre, “corría el dinero como el agua, cuando la minería iba como un tiro”.

Siento hablar así de Lagutin, porque cada profesional que hace esto merece todo nuestro respeto, pero es que es la verdad, la Vuelta 2016 sigue en manos de ciclistas anónimos que suman y suman etapas sin que las figuras, los que dan pedigrí y prestigio se animen a más porque la situación, el recorrido y el entorno no les es propicio.

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Es cierto que el Tour lo salvó la clase media, aquellos que pensando en el día a día, dieron un espectáculo mayúsculo mientras Froome se servía en bandeja su tercer Tour. Ahí estaban Sagan, Van Avermaet, Pantano, Majka,… nombres que hablan de la implicación de las estrellas y la gente con caché. Aquí se da carta blanca, a diario, a una escapada, y la nómina es dantesca. Repito, respeto para Laguitin y lo que ha logrado, pero no es el ganador soñado para una etapa tan esperada.

Esperada, por eso, por una parte de la afición que podríamos llamar ocasional. Parte de ella quedó impresionada en las cunetas, haciendo el imbécil, poniendo en peligro a ciclistas que suben medio muertos, sin reflejos ni ánimo para recriminar nada a nadie. No aprendimos nada del Ventoux. La Camperona ha coronado una de las etapas más feas que hemos visto en los tiempos recientes, en perfil y forma.

No en desenlace, porque cuando pones tanta calidad como la que disputa esta carrera sobre rampas del 20% es complicado que las cosas pasen sin gloria. A los grandes se les pedía unos minutos de implicación y no han fallado, menos mal.

Por partes, Movistar trabajó como casi siempre y esta vez sí, sorpréndanse, les salió bien, porque Nairo estuvo soberbio al final. Se viste de rojo, y es posible que esto no quede así. El colombiano esperaba este momento y le ha llegado. Un mano a mano con Froome y Contador, y les ha ganado.

El inglés fue de menos a más y al final casi se estrella. Se creció cuando vio flaquear a Contador pero el colombiano le dio como estuvimos esperando en todo el Tour. Descartar a Froome es una temeridad, como hubiera sido hacerlo con Contador porque a cada caída del madrileño le suceden esas resurrecciones que tanto protagoniza. “A peor mejor” podríamos decir. Ayer no podía ni andar y hoy se “ahostia” con sus dos rivales naturales en rampas del veinte por ciento. Es Alberto Contador, genio y figura, ya sabéis, cuando no esté lo echaremos de menos.

Lo mejor por eso queda dicho, hay carrera. Domina Nairo, tiene dos superase detrás, ni los mentores de la Vuelta se explican como con este recorrido les pueden salir las cosas tan bien.

Imagen tomada de www.eluniversal.com.co

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