¿A qué sabe el Giro de Italia?

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Chianti, naranja toscana, tortelinni, acetto balsámico,… Italia es un país sencillamente sabroso. No contento con poner en herencia muchas de las ternas que moldean nuestro vivircotidiano, nos obsequia cada mayo con una carrera que sencillamente nos sedujo desde el día que la conocimos. El Giro es rosa, el ciclismo en Italia es rosa, ahora mismo rosa es nuestra vida. “Fight for Pink”. Rosa es el color de la placidez, el disfrute, el gozo por lo hermoso, al tiempo de la aprensión de lo épico, del tinte heroico,…

Continente y contenido
A su vez el Giro es historia, que escribe el nacimiento de una carrera en un país entonces joven, con menos de medio siglo de historia en común, con grietas, aún hoy existentes, pero entonces muy evidentes dentro de esa cohesión que lucen a través de la carrera. El Giro como el Tour en Francia fue síntoma de la reconstrucción de un país que en la segunda Guerra Mundial se puso del lado equivocado y le costó lo que les costó. El Giro resultó también pegamento social, un rayo rosa que travesaba el país con aquellos ídolos impresos en porosos papeles de diario que por un día se podían testar “in situ”.
En aquellos años Italia era dos mitades. La de Coppi, sutil, fina, urbana. Frívola, si se me permite. La de Bartali, piadosa, rural, obrera. Con esos perfiles tenemos estos pagos que hoy disfrutamos. Los contrastes de un país tan oblicuamente diverso y como él, titular de una carrera que levanta surcos por cuantos corazones atraviesa.
Surgida este año desde la lejana Dinamarca, uno de esos países del núcleo duro europeo dicen, la prueba ya está en el sur. Atravesando el Veneto, la Emilia Romagna, la inimitable Toscana,… no se conoce mejor lugar. Espacio de sueños, el Giro es también ruido, desorden, un poco como el país que lo acoge. “Ma quando…”. Es polémica, encendida pasión, rompeolas de fobias, lugar para olvidarse de una tristísima realidad. El Giro no omite pueblos, los llena, inunda de rosa. Cuelga de farolas, viste árboles, cruza calles, engalana negocios, inspira cuentos, viste carteles, apabulla con su caravana. Hecha a la calle los escolares, la de la frutería, el del colmado,… surca los cascos históricos, nos invita a conocer el país, un país, Italia.
Pero su lado rosa esconde otra cara. Menos amable, para quien lo compite. Nos descubrieron los puertos inhumanos, fueron con todo para atravesarlos, ni los estrechos pasillos helados del Stelvio les detuvieron, quisieron enmarcar ese privilegiado anfiteatro que son sus montañas más singulares, los Dolomitas. Lo italianos se quieren, y al tiempo desean ser queridos, deseados. Lo visten como nadie. 
Con más de 100 años a las espaldas, y la carrera enchufada, ahora hacia el sur, no hemos querido dejar de marcar a fuego este pequeño homenaje, desairado, levantisco y desordenado. Al fin y al cabo es el Giro, es Italia. No merecían otra cosa. 
Foto tomada del FB del Giro de Italia

  • Yo diria que el Giro de Italia sabe a "algodon de azucar", el rosa permanente por cada rincón que pasa. Ese color tan femenino…Es una carrera espectacular, los italianos lo saben, la disfrutan; hacen que a los que nos gusta este deporte nos "duela" no poder estar más cerca. Sentir una "envidia sana" por cada aficionado que la tv te enmarca, por cada paisaje o ciudad visitada.El Giro de Italia es ciclismo del que a mi me gustaria ver algún día en España.