A Salvador Sostres, caso el justito

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De rebote me llega la última columna de Salvador Sostres, de quien ya dimos reporte no hace mucho cuando se chirrió de la muerte de una atleta. De rebote y por que un buen lector de este desanillado cuaderno me avisó de la reacción de Purito. Locuaz como siempre. Le dijo algo así como que “los tontos nunca desparecen”. Sinceramente darle pábulo a estos personajes tiene delito. Deberíamos ser más inteligentes. Pero a veces no lo somos, y caemos en la tentación de responderles.

Por suerte en este mundo hay de todo. Estamos los imbéciles y luego quienes lo son aún más. La intransigencia que muestra el personaje para esa aberración del progreso llamada bicicleta es síntoma de quien firma y quien publica su rúbrica. Ni más ni menos. Llevar la vida a la que invita este señor sería como quemar tres planetas en tiempo récord dejando sólo escoria y miseria a nuestros hijos, esos que tan cristianamente debemos concebir y educar según su credo.

Sostres entronca con ese periodismo dopado que ayer diseccionamos con la celeridad de un blog de post ligeros y pensamientos espotáneos. Sin embargo dentro de ese periodismo entra uno muy típico en cierta ala de la mansión del oficio. Él se ubica en el percal más paupérrimo en lo intelectual. Sólo busca provocar y la ira del colectivo que azarosamente quiere despellejar en unas columnas que a la vista de cómo escribe, nada mal por cierto, estarían en disposición de hacer otros favores a la sociedad. Tanto talento tirado a la basura.

No le den más importancia de la que tiene a este pollico que quiere fumarse el mundo tantas veces como sea necesario para que los que vengan detrás no lo disfruten como él. Y como siempre ocurre en estos casos extraigan lecturas que sí nos pueden hacer mejorar, por ejemplo privémonos de asaltar aceras con nuestras bicis, respetemos pasos de cebra y semáforos, circulemos en la dirección correcta y llevemos casco si se nos impone, pues al fin y al cabo tampoco nos inhibe de demostrar que el progreso camina sobre ruedas por mucho que este cernícalo con columna nos provoque.