A vueltas con el motorcillo

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Nuestro amigo Nacho Labarga tiene el singular honor de haber estado en todas la ediciones, tres de tres, del Dubai Tour. Aquí el año pasado dio cuenta de la opulencia que ha rodeado esta carrera, hace dos habló del artificio que la rodea. Desde entonces el Dubai Tour pone ciclistas por una de las urbes más espectaculares del planeta. Ciclistas pequeños, como hormiguitas entre auténticas moles de hormigón que este año han coronado a Marcel Kittel, en lo que esperamos sea un regreso exitoso.

Pero más allá de Kittel, sus venturas y cómo le vaya, nos llamó la atención este artículo de Nacho en Marca sondeando varias voces de importancia sobre el motoricillo en la bicicleta, su uso y el precedente de la ciclista belga en el mundial de ciclocross.

Sinceramente creo que a estas alturas de la película, decir que el mundo se acaba en el ciclismo porque encuentren o no más motores no es ajustado a la realidad de un deporte que camina en el filo desde hace muchísimo tiempo. El ciclismo ha sobrevivido a temblores que habrían barrido barrido cualquier otro deporte, temblores como el caso Festina, las redadas del Giro, la leyenda negra de Lance Armstrong y el perenne estigma que siempre le acompañará con el tema del dopaje.

Pensar que los motores pueden ser una puñalada en la débil credibilidad de este deporte es normal, pero de ahí a decir que desaparecerá, hay un trecho. Entre los que opinan me quedo, como no podía ser de otra manera, con Brad Wiggns, que habla con una seguridad que asusta:

Ya tienen la sospecha desde hace cinco años, porque han estado controlando las bicis, pero creo que es la primera que han encontrado. Así que estoy seguro de que ha ocurrido en el pasado pero no lo han visto

A mí me suena a mensaje envenenado a su enemigo-compañero Froome, uno de los más acosados en este tema. Wiggo nunca deja indiferente y al vigente ganador del Tour le tiene tan poco aprecio que ni lo disimula. Con compañeros así para que quieres rivales.

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