¿Aboga el Giro por “humanizar” el ciclismo?

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Cruzados por redes, twitters, internetes,… y demás soportes, hoy en día tragarse ciertas panemas resulta más sencillo. Hablamos de cualquiera de los órdenes. De Bin Laden lo único cierto al parecer es que su primera fotografía era resultado del photoshop. No hablemos de cuestiones que afectar al bolsillo, como ese evanescente “palabro” de los mercados y sus conspiraciones. Todo una nebulosa boscosa que impide ver el cielo.
Otra de las verdades, metidos en arena ciclista, que se nos ha metido, cada vez de forma más insistente es aquella que habla de los recorridos ciclistas y la conveniencia de que estos se suavizaran para evitar el dopaje. Menuda patraña. A día de hoy, con un historial de dopaje tan longevo como la práctica del deporte competición, decir tamaña tontería sonroja, despierta nuestros sentidos más básicos. “Me descoyunto” diría Urdaci, otrora monologista de éxito.
¿Sabemos del caso de dopaje más divulgado de la historia?, pues ocurrió en unos Juegos Olímpicos, a raíz de una carrera de cien metros lisos, en Seúl 88 de la mano del velocista Ben Johnson, una bestia canadiense que demostró que en casi diez segundos de máximo rendimiento también se puede hacer trampa. Y es que, obviamente, existe un dopaje para cada caso y situación. Y “haberlo hailo”, y siempre lo habrá.
A tenor de esa humanización del ciclismo gira, o debería girar, cualquier análisis de este pedazo de Giro que tenemos a puertas. Tres semanas de dureza en ascendente, con subidas inéditas cuyo único mérito es rayar lo imposible. Y es que, no nos engañemos, lejos de aquellas vueltas que buscaron las etapas llamadas cortas, y “humanas” añadían, las tres grandes, sobre todo Giro y Vuelta, aquellas obligadas a experimentar, se han buscado escenarios casi impensables. Y no nos engañemos, a mí me atraen. Me gustan jornadas como el sterrato, subidas tipo Mortirolo, donde ir a rueda es del género estúpido, jornadas duras, … aunque quizá tantas acaben por bloquear la carrera y enfriar los ánimos. Carreras como el Giro de antaño ocurren cada varios años.
De cualquiera de las maneras, aquí no caben burdas patrañas al estilo Mourinho, quien por cierto ha logrado que prefiera ver ruedas de prensa a ciertos partidos. El ciclismo de agonía es auténtico, con su vertiente, que siempre la habrá, proclive a la trama. Éste no es sitio para personajes de cartón piedra.

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