Acerca de la calaña de Isidro Nozal y Jesús Manzano

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Recuerden la Vuelta de hace diez años. Una edición rara. Marcada por una fuga bidón, o medio bidón, camino de Burgos, creo. En ella Manolo Sainz insertó uno de sus peones. Isidro Nozal era su nombre. Un día antes Toño González Linares utilizó los micros de la “gran” cadena Ser para descargar su ira sobre Purito Rodríguez. Al parecer el catalán debía ser lo suficientemente habilidoso para que en la llegada a Santander el liderato pasara a manos de Isidro Nozal, compañero de equipo en aquel entonces.

Según el iracundo comentarista cántabro, Nozal recibió una mal llamada “puñalada trapera” de su propio compañero, quien según el tácito acuerdo, que no escrito, debía dejar que el dorado caminara por las espaldas de algunos de los compañeros que en la crono por equipos situaron a la ONCE delante de todos. Pero las circunstancias de carrera, agolpados y machacados por la tensión, no invitaban a florituras, y Purito mantuvo el liderato. Nozal se lo arrebataría sin alquimias ni pactos de alcoba metiéndose en una fuga que a la postre le situaría en la quiniela de lo único grande que ha tenido a su abasto: ganar la Vuelta de 2003, muy a su pesar.

Cuán diferente puede resultar un juicio de un día a otro, dependiendo de quién se siente en el estrado y lo que éste dispuesto a contar. Los escuetos mensajes tuiteros dieron cuenta, sobradamente, de la catadura de Isidro Nozal, una persona que más que tal fue algo inerte sobre una silla que casualmente pasó por la sala de la videoconferencia en el momento de testificar.

A Nozal le podían haber vaciado de sangre que dada su aprensión ni habría preguntado. Son ya tantas las veces que se toma por gilipollas al respetable que ya ni reparamos. Te sacan medio litro de sangre y es para un análisis. Este excorredor que acabó sus días con un triste positivo es el mismo que siendo líder de la Vuelta no pestañeaba en decir que lo que él quería es un camión. Perdió una carrera que tenía en su mano ante el empuje de Roberto Heras, alentado por el propio desconcierto mental que movía a su rival, y la desesperación de su director, Manolo Saiz, quien en un puerto madrileño explotó a tal punto que se peleó con un motorista, creo. Muchos años después no ha cambiado. Que le vaya bonito.

Y en el otro lado de la balanza Jesús Manzano. Del “no me acuerdo” y “yo no sé nada” a un catálogo de detalles y precisión sobre todas y cada una de las pastillitas, jarabes y polvetes para la punta del capullo y enmascarar el EPO en la orina. Las declaraciones de Manzano en el juicio de la Operación Puerto –complementadas con el morbo en persona que es José Ramon de la Morena cuando habla de ciclismo- no significaron nada nuevo frente aquel bombazo sacado con lujo de detalles hace nueve años en el diario As, un rotativo que entonces abría con un afamado central del Sevilla amenazando de muerte a Zinedine Zidane. Menudo crédito.

Del testimonio de Manzano queda la misma sensación que en aquel entonces. ¿Cómo puede existir en este mundo personas que se prestan a tales aberraciones con su propio cuerpo? Con todos los respetos hacia la profesionalidad, y supongo que incondicionalidad, que movía su persona, lo que Manzano explica es tan flipante, que el sólo hecho de escucharlo de su impertérrita boca significa que en esta vida las hay de todos los colores y quizá no hayamos visto ni el diez por ciento de lo que se nos propone.  Esperemos por que esto acaba de empezar.

Foto tomada de www.abc.es

 

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