Al final, solo Purito habla claro

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No me mal interpreten. Purito también juega sus cartas. Es listo y ávido, pequeño en apariencia, grande en esencia. ¿Miente a veces? sí, ¿cuantas veces lo necesite? También. Recuerdo aquel mundial de Mendrisio. Iba escapado con Cadel Evans, a la postre campeón, y Alexnader Kolobev, el “hombre mundial”. Había una glorieta que se podía tomar por dos lados, sus compañeros de fuga por la derecha, Purito por la izquierda y aprovecha para atacar. “¿Ahí se ve que soy un poco hijo de puta verdad?” me dijo con esa media sonrisa. Obviamente jugó su baza. No le salió.

Sin embargo el Purito que se pone enfrente del micro es al menos el que más claro habla. No adorna como Samuel, ni engaña como Alberto Contador, tampoco se auto complace como Valverde. Dice lo que piensa y punto. En el arranque de la Vuelta aseguró que “aquí nadie dice la verdad” viendo tanto favorito poniéndose la venda antes de la herida. En el final de esta temporada, pues ya ha colgado la bicicleta hasta enero, ha sido que “esta temporada ha sido mala y no veía el momento de acabarla”.

Tanta sinceridad en este contexto abruma, pero se agradece. Describe, a su vez, un año a contrapié, al revés, sin duda. Muy similar en ciertas cosas al de Daniel Martin, atosigado por las caídas en los momentos más importantes. Sin embargo, en el descargo de irlandés y catalán al menos ambos tuvieron que llevarse  a la boca en el balance del año. Otros que lo adornan más sólo se alimentan de palabras.

Como digo el año de Purito ha sido al revés. Salió victorioso de la Volta y no fue sencillo: un tiempo de perros y una plana de rivales importante. En La Molina, en medio de nieves de marzo levantó por primera y última vez los brazos. Luego ganaría la general. Apeado del frenesí competitivo dejó de lado dos carreras fetiche como Tirreno y País Vasco con el convencimiento de que llegaría más fresco a las Ardenas.

Sin embargo, la vida, siempre caprichosa, le golpeó con una caída en la Amstel que le dejó seco en las clásicas de su perfil. Medio lesionado tomó la salida en Belfast con una crono por equipos que invitaba a pensar que aquello no iba bien. En la escabechina de Monte Casino volvió al suelo y adiós al Giro. Peor suerte, por eso, corrió su compañero Angel Vicioso, muy tocado de aquel trago, tanto que algunos especularon con su retirada.

Con la Vuelta lejos, quiso estar a medio gas en el Tour. Sabedor de que su tercer puesto en el podio era inviable, se descolgó rápido para buscar la etapa, primer, y el maillot de la montaña, luego. Al final ni lo uno ni lo otro, fuera porque Nibali buscaba sentencia, fuera porque Majka iba sin cadena, Purito fue una sombra, combativa, pero sombra durante una carrera cuyas tres semanas tuvieron que pesarle, por ejemplo, en la Vuelta, una prueba en la que nunca se vio en disposición de pisar el podio, el objetivo de mínimos que se había planteado.

Ahora Purito dice que espera volver al mejor nivel el año que viene. Esperamos que así sea, su forma de correr, explosiva aunque contenida, nos gusta porque es coherente con su persona y sus posibilidades. No obstante, este año así lo hemos dicho alguna vez, nos ronda un temor y ese no es otro que el lógico peso de la edad. Está claro que si Purito vuelve arriba será con esfuerzos medidos y lógicos a su condición. Así planteó este año aciago y así supongo que será el próximo. Esperamos no obstante verle en liza. El ciclismo se merece a Purito.

Foto tomada de Kec Pro Sport

INFO

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