Albasini, el killer silencioso

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En Orica el perfil del ciclista medio, salvado el susto que a ver cómo finaliza de Simon Yates, se corresponde con ése que saca petróleo de las situaciones más inesperadas. Hace un año, más o menos por estas fechas, sacamos este post sobre los cañoneros del Orica como preludio a lo que acabó siendo una excelente primera semana de Giro de Italia con un ciclista que es un portento de efectividad, como Michael Matthews. Entonces iba con él, otro coco como Simon Gerrans y piezas del nivel de Esteban Chaves, Pieter Weening y Luke Durbridge. En esta ocasión debutará el velocista de bolsillo, Caleb Ewan, quien ya viene con la muesca de la Vuelta y con muchas miradas sobre él.

Con el plantel del equipo austral no es de extrañar que omitamos la figura de otro corredor que cumple a la perfección los requisitos del equipo de Neil Stephens. Nos referimos a Michael Albasini, un ciclista de fino olfato y selecto palmarés, que estuvo cerca de poner una guinda dorada a su trayectoria en Lieja, pero que, como pasa muchas veces en estas citas, lo previsible es lo que no acontece, y es que en un monumento hemos visto perder a Albasini contra corredores sobre el papel inferiores como hemos visto a otros muchos grandes.

Sin embargo, la segunda plaza en Lieja no desmerece la trayectoria de un ciclista de 35 años, cumplirá los 36 en vísperas de las próximas Navidades, que alimenta un palmarés poblado de calidad y buenos triunfos. Profesional desde el año 2002, siendo stagiaire en el Fassa Bortolo, es un consumado especialista en etapas del World Tour, algo muy usual en el bagaje de muchos y buenos corredores. Albasini ha mojado en Suiza, París-Niza, País Vasco, Romandía y Volta a Catalunya, donde resultó ganador en 2012. A ello se le añade una etapa en la Vuelta.

No es un corredor top en número de triunfos -el de Ginebra el otro día durante Romandía fue excelente,- pero es sólido y consistente, y ello se explica desde la óptica de que nunca ha dejado de ganar desde 2007, con más o menos muescas en el revólver, pero siempre ahí, sumando y dando resultados a su equipo, con la perenne sensación de que, cuando él iba en la fuga, los demás estaban jodidos. Es el killer silencioso de Orica, el ciclista que roe de aquí y de allí y que posiblemente cuando cuelgue la bici, muchos pondremos como ejemplo de ciclista que infundía miedo con su sola presencia.

Imagen tomada del FB de Liege-Bastogne-Liege

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