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Alejandro Valverde siempre fue ganador

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Alejandro Valverde siempre fue ganador

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Alejandro siempre fue ganador, desde sus tiempos de amateurs y luego lo siguió siendo en pros” me comentó no hace mucho uno de los corredores que más íntimamente ha convivido con Alejandro Valverde estos últimos veinte años, un compañero de profesión que no sabía esos días que el fenómeno murciano estaba a eso, a un paso, de ser centenario, cien victorias, un listón muy complicado de rebasar, sólo un ínfimo porcentaje de la población ciclista profesional lo puede contar, a muchos estrenar el palmarés les desvela, pero el casillero de Valverde nunca paró.

Ahora miramos atrás, a ese ciclista que vistiendo los colores del Kelme amateur era un auténtica garantía de éxito. El Kelme de los catalanes Jordi Riera y Pedro Aroca, el de Cayetano Julià, compañero y paisano en la huerta murciana. Valverde le ganó un campeonato de España sub 23 a nuestro querido Isra Nuñez, que de aquella gesta, recuerdo, se tiñó de rubio.

Pasó a pros en 2002, un periodo de aclimatación de un año y empezar a ganar, empezar a caer perlas, de todos los tamaños y colores. Valverde fue ya en 2003 un anotador puro, un contador que estuvo a cero lo que tardó en empezar la Vuelta al País Vasco, donde ganó su primera etapa. Empezó entonces la marabunta, una auténtica cascadas de interpretaciones, de querer encarrilarle. Le veíamos clasicómano de vanguardia. Pero si hizo segundo en su primer Mundial, en Hamlilton, batiendo a gente de nivel top en el sprint final y guardándole las espaldas a Igor Astarloa, el campeón del arco iris canadiense.

Poco antes había logrado una victoria imposible en La Pandera, en su querida Vuelta a España, la grande que me mejor se le dio siempre. En la cima jienense apareció de la nada mientras Heras y Cárdenas esperaban a no sé qué. Victoria que marcó, como la de Courchevel en el Tour de 2005, aguantando el motor trucado de Lance Armstrong y remachándolo en meta, entre la agonía y el éxtasis. Una cada imberbe que reflejaba gloria teñida de dolor.

Asaltó las Ardenas en el tenebroso 2006, el año de la Operación Puerto, una sombra que le acompañaría hasta que tuvo que cumplir sanción cuatro años después. Sé que esto es una loa de Valverde, pero omitir ese mal trago haría incompleto el retrato, porque Valverde ganaba antes y ganó después de ese despacho venido desde Italia y su Comité Olímpico.

En 2009 ganó la Vuelta, una carrera que tuvo dos claves: la avería de Cadel Evans en la coronilla de Monachil y el sufrimiento casi inhumano de Valverde en los peores momentos de la carrera. Era el Valverde agonístico, que no tenía mucho que ver con el coco que un año antes, en 2008, se marcó el mejor ejercicio de su vida: líder en el Tour -qué llegada en Plumelec-, Lieja, San Sebastián,… qué pena que esos mundiales, e incluso Juegos Olímpicos, los corriera solapado a Paolo Bettini.

Y volvió en 2012, ganando rápido en Australia y sumando otra etapa en el Tour, la carrera por la que bebió los vientos y cuyo podio acabó pisando, quizá cuando menos se lo esperaba, cuando todos esperábamos que echara el resto por Nairo. Pero como dijimos al principio, Valverde siempre fue ganador, y entre sus perlas, los registros en una carrera de anotadores como la Flecha Valona, el ejemplo de que en los tiempos de Gilbert, Purito y cia, el mejor uphill finisher es este murciano.

Estos años el de Las Lumbreras, con poco o nada que demostrar, ha pasado a ser un cilcista de culto. Recuerdo esa llegada a Cumbres Verdes, una recta en medio de un pinar en La Zubia, Valverde tira desde abajo y acaba ganado la etapa, esos días de perenne memoria, como la etapa que gana en el Giro el año pasado, corrida a mil por hora, apuntalando el podio, otro podio, en las grandes que siempre pensamos que no iban a ser lo suyo.

Ahora Valverde es centenario, una trayectoria hecha a su medida, a su gusto, ejercida entre mil presiones, en años muy malos para el ciclismo y una inconformista masa de aficionados que le creyó Superman por momentos. Nada más lejos de la realidad, con sus defectos y virtudes, es Alejandro Valverde, sin temor a equivocarnos, el ciclista más singular de la historia de este deporte en España.

Imagen tomada de FB de Movistar Team

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