Alejandro Valverde vuelve a la casilla de salida diez años después

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Alejandro Valverde Belmonte ha sido un ciclista que ha marcado su nombre a fuego en la primera década del siglo XXI para el ciclismo español y mundial. Un matador, el killer perfecto, el hombre que se reinventó a sí mismo para convertirse en buen fondista vuelve a estar en circulación. Tras una aberrante sanción que le ha tenido apartado año y medio de las carreteras, cuando su fallo debía haber llegado años antes, el murciano de afilada puntería está como hoy hace diez años, en capilla, vigilante, atento al que será su segundo debut.

Vuelta al redil
Quienes pudimos saber de él en categorías inferiores, ya adivinábamos un brillo especial en cada uno de sus logros. Aquello no era normal, amasar tales cantidades de éxitos en una misma campaña desde bien jovencito, firmar un 2001 como el que cuajó en el Kelme amateur, ganando la Copa de España de la forma que lo hizo, atisbaban que aquí teníamos corredor de mayúscula proyección.
Y así fue, culminada una primera campaña en 2002 de transición donde a pesar de su juventud insultante, el desparpajo ya lo mostraba, explotó un año más tarde encadenado éxitos y parabienes. De no haber mediado el corte de Astarloa hasta podía haber sido campeón del mundo en Canadá ese mismo año. De repente en este país de agonísticos vueltómanos teníamos un excelente fondista en carreras de un día con la capacidad de remate.
¿Espejismo? Diríamos que no. Valverde siempre llevó el talento y el éxito en el ADN. Su paso a pros mantuvo el tono, sino lo mejoró, de amateur. A partir de ahí, vino el lado siniestro adosado a este deporte y del que él tampoco pudo despojarse. Primero las acusaciones de Manzano en 2004, apuntando a la línea de flotación de su equipo. Frente a aquello partió a un lugar seguro entonces llamado Illes Balears con Eusebio Unzué, excelente mentor, qué duda cabe, pero con exceso de celo sobre el Tour y todo que sean vueltas de tres semanas, a la postre la perdición para que este ciclista no cuajara temporadas aún más irrepetibles, tipo Gilbert en 2011.
Al resguardo del Caisse d´ Epargne le estalló la Operación Puerto. El excepcional cachondeo que rodeo la operativa de aquella acción llevó a que su nombre entrara y saliera a ritmos bursátiles. La agudeza en identificar a Ivan Basso, entre otros propietarios de las famosas bolsas, la crudeza de apartar a numerosos implicados ajenos al ciclismo y las maniobras que de aquello se derivaron retardaron la sanción sobre Alejandro hasta entrada la temporada de 2010.
Sea o no propietario de una de las mentadas bolsas, eso aún no me ha quedado claro, no deja de ser menos cierto que el ciclista tostado al sol murciano jugó con cierta indulgencia las cartas que otros ni siquiera pudieron poner sobre la mesa. En el periodo que va desde el estallido de la OP a su castigo, Alejandro Valverde ha obrado un jugoso palmarés, extraordinario a todas luces, que sí ratifica lo mil veces dicho, “de un burro es imposible sacar un caballo de carreras”.
Apartado de la competición cuatro años después de la implosión del caso que manchó su trayectoria, Alejandro debuta nuevamente como aquel 2002 ahora en las antípodas, en el nuevo coliseo del ciclismo mundial que es Australia y con muchas miradas sobre él, algo no obstante que de nuevo no le pillará.
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