¿Alguien sabe qué es Red Hook?

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Por cuarto año se ha celebrado en Barcelona esa prueba dedicada a aquellos riders alocados que se miden entre el malabarismo de las bicicletas sin frenos y la irreverencia. Es el Red Hook Crit, una carrera que se celebra en el aislado y lejano Parc del Fòrum de Barcelona, con el Mediterráneo de fondo. Un escenario desangelado, que no invita a acercarse, aunque la asistencia crezca paulatinamente.

Una pena porque creemos que si la prueba diera el salto al gran público, el éxito estaría asegurado. Ver circular a esos ciclistas, muchos de ellos urbanos y diferente procedencia, tatuados y con pinta de malos encima de sus coloreadas y customizadas bicicletas es un espectáculo impagable, más cuando frenan de esa forma que sólo ellos saben hacer.

A la dificultad de manejar la máquina se añade el circuito, un entramado de vallas que serpentea entre columnas pudiendo llegar a ser peligroso para sus participantes, por pisar diferentes tipos de pavimento que pueden albergar sorpresas. Sin embargo esto no deja de ser otro de los alicientes de la carrera, abriendo la posibilidad al espectador de ver alguna caída que recoger con su teléfono.

Su creador David Trimble ha conseguido sacar cuatro ediciones en Barcelona, consiguiendo poco a poco dar a conocer este espectáculo, reservado a un sector de público, que no siempre es el aficionado más tradicional del ciclismo. Un público que es amante del riesgo, la moda y algún deporte minoritario y desconocido, que se practica por los rincones de ciudades cosmopolitas como Barcelona. Sirva como ejemplo el Polo&Bike.

La moda por este deporte, nace de unas bicicletas que salen de su lugar natural, los velódromos, esos templos del ciclismo más puro, siendo adoptadas por los jóvenes, como medio de transporte y símbolo de rebeldía para asaltar calles o como un elemento de moda digno de estudio, no sin peligro, donde muchas veces se pone en solfa la frágil convivencia entre usuarios de la propia bicicleta, conductores o transeúntes. 

Las primeras carreras, por supuesto ilegales, transcurrieron como gincana, entre calles y alentadas por el reflejo de profesiones que utilizaban este medio como transporte y transmitiendo el mismo sentimiento que Dennis Hopper en el film “Easy rider”. 

El día de la competición se organiza a su alrededor toda una serie de eventos para fomentar la participación de empresas, webs y blogueros con el fin de difundir este tipo de cultura que esperemos crezca fomentando el uso de la bici en la ciudad, y que los ayuntamientos vean que no sólo son cuatro los que vamos en bici, para seguir creciendo y quitarnos de encima la etiqueta de “esos locos, que se saltan todas las normas de convivencia con los otros ciudadanos de la ciudad”.

Cuando vemos la parrllla de salida y comprobamos la procedencia de los equipos y participantes, uno se da cuenta de los pocos equipos nacionales, unos pocos naturales y muchos de fuera, donde lamentablemente es más popular. Nada se deja al azar. Se preparan como auténticos profesionales, con un tiempo previo de rodillo para estar a punto y salir a jugarse el tipo en el circuito.

Todo se disputa en un lugar poco iluminado, donde la propia organización recomienda, no utilizar flash en las cámaras para no deslumbrar a los ciclistas, como hemos dicho es un circuito no muy “agraciado”. Ya nos gustaría que las entidades colaboraran y ofrecieran un lugar de más público y difusión.

Con todo debemos felicitar a todo el equipo de Red Hook, por el esfuerzo que requiere y el tesón de luchar contra viento y marea para poder ofrecer un espectáculo que pocas ciudades pueden disfrutar y difundir una modalidad de la bicicleta, tan solicitada, como desconocida a nivel nacional.

Por Toni Marin

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