Algunas lecciones de Río y sus juegos

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Hemos querido hacer un pequeño borrador sobre varias cosas que nos han llamado la atención en estas dos semanas largas de Juegos por Río. Son cuatro apuntes, seguro que hay cientos más, pero las lecciones que nos llevamos nos sirven para ver que, muchas veces, aunque se prevea una cosa, el resultado dista mucho de los que esperamos…

Las victorias a veces llegan cuando menos se esperan: la crónica de Carlos Arribas en El Pais sobre la medalla de oro de Ruth Beitia en el salto de altura es la narración de un éxito que llega cuando estás de vuelta, con la mente descansada y la presión para otros.

La dignidad del atleta no se cuestiona: una de las imágenes de los Juegos ha sido la del octavo clasificado de los 50 kilómetros marcha. El francés Yohann Diniz ha sido la viva imagen de los límites que se alcanzan en el deporte profesional, incomprensibles para la mayoría de los mortales. “Me da igual lo que la gente piense” dijo el atleta tras recuperarse en el hospital. Lo cierto es que su “aventura” corrobora lo que a veces hemos dicho, la victoria no es siempre viste al atleta ni le da la fama que persigue, a veces una historia humana de verdad acaba por llegar más que el oro más reluciente del mundo.

El éxito no entiende sólo de suerte: sin el ciclismo en pista, Gran Bretaña habría sido superada por China en el medallero de Río de Janeiro. Los éxitos en el velódromo carioca han sido la base de la brillante actuación del deporte de las islas en el mejor escaparate del mundo y lo han sido en función de un trabajo que, como dijimos, arranca desde hace años, con mucha inversión y cuidado del talento.

La mitad femenina: llaman la atención los buenos resultados del ciclismo femenino neerlandés en carreras de ruta de los Juegos Olímpicos y, engarzando con lo anterior, las cosas no pasan porque sí. Las holandesas llegan a la competición casi con los mismos medios a nivel de preparación que los hombres, enfocando su éxito a los Juegos, dando incluso un tono más bajo durante la campaña. El cariño del pequeño país que ganó terreno al mar por la cita olímpica, junto al innato mimo que le ponen a todo lo que suena a ciclismo, les da ese plus para que, en una carrera tan azarosa, casi siempre lleven el número ganador.

La lección de los deportistas españoles: díganoslo claro, pensaba que España se estrellaría en el balance final de estos Juegos, lo pensaba antes de ellos, tras cuatro años de penurias económicas y una incultura deportiva arraigada, tras darle la espalda a muchos y excelentes talentos, tras primar el rey balón por encima de todos, tras… pues bien, como el ciudadano medio de este bendito país, el deportista medio ha buscado el camino para salir adelante y firmar una actuación global notable. Felicidades chicos por esquivar la palabrería barata de nuestra gestores y darnos una lección.

Imagen tomada de la RFEC

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