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Amstel Gold Race, la contracrónica

Mundo Bicicleta

Amstel Gold Race, la contracrónica

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

Holanda es un país en donde se practica asiduamente el ciclismo. Sus extensas planicies invitan a ello. Deportivamente hablando siempre ha tenido buenos ciclistas, y, sin embargo, para darse a conocer han debido aprender el oficio y alcanzar la fama en el extranjero. En el país de los tulipanes no se suelen celebrar carreras de gran envergadura internacional. Tan sólo destaca la clásica Amstel Gold Race, patrocinada de años por una importante firma cervecera que divulga su nombre por doquier. Su primera edición data del año 1966, con triunfo para el francés Jean Stablinski, un hombre de antaño bien conocido en las lides del pedal.

Esta vez, concretamente en la 50ª edición, ha recaído la victoria a favor del corredor polaco, Michal Kwiatkowski, campeón del mundo de fondo en carretera en la categoría reservada a profesionales, que acaba de vencer en la meta de Valkengurg, formando parte de un grupo compuesto por dieciocho unidades. El segundo lugar correspondió al español Alejandro Valverde, un hecho honorable que vale la pena también elogiar, y que nos confirma que esta prueba le es más bien propicia a pesar de que el ganar en alguna edición no le ha sido posible hasta la fecha de hoy.

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Los muros, el tormento de los ciclistas

La citada competición aunque tenga lugar su celebración en los Países Bajos, uno imagina que carece de dureza por la tradición imperante que prevalece en aquellos parajes, dominados por el dios del viento. Si nos adentramos en la provincia de Limburgo, situada en la parte sur, una zona que en otros tiempos se erigió como ducado, una distinción compartida también por Bélgica, a orillas del Mosa, se alza la valiosa ciudad de Maastricht, que se rodea de un terreno bastante intrincado con repechos cortantes por doquier, y que nosotros, perdonen la intromisión, hemos experimentado a lo vivo dándole precisamente a los pedales en una época algo lejana en la cual  vivimos no lejos de allí obligados por razones profesionales.

Un tercero en discordia

La Amstel Gold Race, inició su periplo como siempre en Maastricht, que cuenta con un amplio conglomerado industrial, destacando empresas de cerámica, cemento, papel y cristalería, entre otras materias básicas. La competición en esta edición constaba de nada menos 34 muros, una pesadilla casi constante y acuciante para los ciclistas. Su variado recorrido, inciso aparte, fue cuna del Campeonato Mundial de fondo en carretera, cuyo encuentro nos remonta al año 2012, en donde se impuso el belga Philippe Gilbert, este corredor que era señalado como el gran favorito precisamente en esta prueba Amstel Gold Race a la que dedicamos estas líneas  hoy, junto con la sombra inconfundible del eslovaco Peter Sagan.

Los dos, hay que decirlo, lucían antes de salir el mejor cartel propagandístico. Luego resultó que ni uno ni otro se llevó corona tan codiciada. Les aplastó los planes un tercero en discordia, un poco de sorpresa si se quiere: el polaco Michal Kwiatkowski, que lució, además, con cierto orgullo su actual camiseta de arco iris de campeón mundial (2014), un título que siempre llama a la atención.

La esperanza es lo último que se pierde

Apenas dado el pistoletazo de salida, el pelotón se puso en tono vibrante a pesar de que quedaban 258 kilómetros por delante. La serie de muros que hemos mencionado, podía atragantar el físico a cualquiera. La gente importante tomó sus precauciones y dejaron a hacer a otros el juego aventurero. En realidad la realidad de la carrera se empezó a fraguar cuando faltaban una treintena de kilómetros para la línea de llegada. Se formó un pequeño grupo de cinco unidades compuesto por el italiano Nibali, los australianos Clarke y Tanner, el eslovaco Polanc y el belga De Vreese, dispuestos a quemar sus naves ¡valgan esas palabras!

Tanto fue así que poco antes de afrontar por última vez el Muro de Cauberg, que se cruzó tres veces en ese día, y que tiene una longitud de 800 metros de ascensión al 12%, el ciclista australiano originario de Melbourne, Simon Clarke, lanzó una alocada estocada con la sana intención incluso de ganar en solitario, una temeridad. La esperanza es lo último que se pierde. Su ventaja osciló a lo sumo con unos segundos de tiempo que no llevaban a ninguna parte. Pisándole los talones venía un grupo de escogidos, cual fueran galgos con un afán vengativo en su interior.

¿Quién temió a Michal Kwiatkowski?

Una vez ahogado el intento de Clarke, no vamos a especificar el número amplio de intentos que se dibujaron en la parte final de la carrera. El protagonismo corrió a cargo de varios. Nos daba la sensación de que con tantos movimientos y con tantas tentativas vanas la razón de la carrera se arremolinaba en un torbellino confuso. No había ni orden ni concierto en el seno del pequeño grupo. Fue precisamente Michal Kwiatkowski (24 años), encuadrado en el equipo luxemburgués Etixx-Quick Step y luciendo la vestimenta de campeón, el que puso toda la carne en el asador en el último y electrizante respiro, en tanto que los corredores -algunos de los favoritos-, se sometían a una estrecha vigilancia.

Nos cupo la alegría de haber vislumbrado en segunda posición al ciclista murciano Alejandro Valverde, que sobresalió en los últimos metros de carrera gracias a su punto de velocidad. Ni el australiano Michael Matthews (3º), ni el portugués Rui Alberto Faria da Costa (4º), ni el otro belga  Greg Van Avermaet (5º) y ni el francés Tony Gallopin (6º),  pudieron trastocar el resultado final. El ser demasiado favorito muchas veces cierra las puertas, pues supone un alto grado de alta tensión que ahoga las esperanzas.

Así se escribe la historia

Michal Kwiatkowski (24 años) nació en la población polaca de Dzialyn.  Es profesional desde la temporada de 2010. Es un más bien un ciclista completo y temido como velocista. Anotamos en su historial triunfos absolutos en la Vuelta al Algarve (Portugal) más dos etapas y en la Strade Bianche (Italia) en el año 2014, aparte de conquistar el título mundial de carretera. En el curso de este año ha sido vencedor de la primera etapa prólogo de la París-Niza bajo la especialidad de contrarreloj.

Vale la pena recordar que Valverde, en el año 2008, consiguió en esta misma prueba alcanzar el tercer lugar en una jornada en la que la victoria correspondió al italiano Damiano Cunego. En la temporada 2013, se clasificó segundo tras el checo Roman Kreuziger. Se recuerda que el catalán Joaquim Rodríguez hizo el segundo en el 2011, con el laurel de la victoria al belga Philippe Gilbert. Digamos que los españoles en la presente edición alinearon en la línea de salida a sólo doce componentes. No es mucho. Es poca cosa. Pero hay que conformarse con lo que uno tiene en sus manos. Y más cuando hay que luchar frente a un conglomerado de exactamente 199 participantes ¡Qué no es poco!

Hasta la fecha de hoy,  por Naciones, resulta que Holanda es la más agraciada, con 17. Le siguen Bélgica, con 12, e Italia, con 6. España, recalcamos, nunca ha conocido las mieles del triunfo en esta clásica. El que más veces ha ganado esta carrera es el holandés Jan Raas (1977-1978-1979-1980-1982). Una hazaña, mucho nos tememos, que va durar por mucho tiempo. El mérito queda ahí en el pedestal de los famosos.

Por Gerardo  Fuster

Imagen tomada de es.eurosport.yahoo.com

INFO 

En Eibar, hace 175 años nació una empresa familiar, regentada por varios hermanos que fue pionera en muchas cosas. Entraron en el negocio de las armas como marcaba la tradición, primero grandes, luego se sofisticaron, incluso llegaron a tener sus saltos de agua para generar energía eléctrica. Con el cambio de paradigma, se fueron a la bicicleta y fueron sociedad anónima hasta que su gerente Esteban se declaró incapaz de seguir adelante. Los trabajadores cogieron las riendas hace unos 45 años y desde entonces siguen haciendo bicicletas tras superar mil vericuetos. Hoy compiten desde Mallabia, cerca de Eibar, porque en ella era imposible permanecer por no haber más espacio para crecer. Esta empresa es Orbea y se bate en un mundo de gigantes con la innovación y los valores que marcaron sus orígenes, que dibujaron la bicicleta eibarresa.

Endura LDB Di17
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1 Comment

1 Comment

  1. German

    21 de abril, 2015 at 7:53

    ¿Sagan?

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