Ángel Madrazo & Andrey Amador, los niños se nos hacen grandes

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Cuando Andrey Amador vino al mundo desde la bella y salvaje Costa Rica, el ciclismo internacional vivía el ocaso del antepenúltimo grande de la historia, dicho sea desde nuestra perspectiva. Bernard Hinault acababa de ser derrotado por su primogénito Greg Lemond, no con buena gana por mucho que prometiera protegerle. Angel Madrazo nació un par de años después. Justo cuando Pedro Delgado saboreaba su Tour, recién salido de aquella pesadilla del positivo que le asaltó en el tramo final de la carrera.

Momento de gloria 
Los dos querubines que ya no lo son del Movistar son ahora dos ciclistas que dejaron atrás la ternura de los primeros años. Costarricense y cántabro han corroborado esas sensaciones de “ganalotodo” de sus años amateurs, con poso en los foros donde hay que demostrar cosas, rodeados de los mejores y envueltos de admiración.
Veamos. La temporada de Amador arrancó en San Luis donde ya quedó noveno. Su campaña incluye casi todas las grandes de un día con elementos de la singularidad del  sterrato y pavés. Rozó el top ten en la Strade Bianche y concluyó Flandes más Roubaix. De ésta se fue al Giro de Italia de su explosión. Nada menos que ganador de la etapa de Cervinia y tercero en Sestri Levante. Pero lo más importante fue la sensación de madurez y consistencia en una carrera exigente como no las hay. Verse entre los mejores entre las nieves perpetuas del Stelvio y los muros de Pampeago, al vigésimo día de competición es síntoma de una evolución que además tuvo otro momento álgido a la semana, cuando firmó un top ten en el prólogo del Dauphiné abriendo, aún más, el abanico de posibilidades hasta en los esfuerzos en solitario.
Dos años más joven, Madrazo ha competido menos pero ha dado en la clave de bóveda del corazón del aficionado. Ya el año pasado rozó el triunfo en alguna etapa de la Vuelta a España pero le faltó consistencia para mantener un punch como pocos vemos a pesar de sus 23 años. Este año se movió en el Poggio. Acabó el trigesimosexto, pero su movimiento quedó y sólo los grandes pudieron ahogarlo. Cuando su físico alcance el tono, aquí tenemos un extraordinario “arruinador de sprints” y matador de los últimos metros, sobretodo en estas llegadas en descenso que tanto rubrican los finales del ciclismo moderno. Eso ahora, por que su evolución le pueden llevar a los terrenos que Amador ya sortea. 
La marcha de estos dos ciclistas que llegaron de la mano cuando el equipo se denominaba Caisse d´ Epargne se complementa además con una cantera de excelencia que da resultados propios. Pongamos en el candelero a Jesús Herrada, otro fuera de serie, que nació ojo en las fechas que Miguel Indurain daba cuenta de Greg Lemond en Luz Ardiden, y a Nairo Quintana, otro exponente con éxitos mayúsculos siempre en el calendario francés, aquel que da más etiqueta. “Chez Unzue” sigue dando sus coletazos. 

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