Angelito Bardet vs demoniete Pinot

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Cuando hace dos años sendos franceses acompañaban a Vincenzo Nibali en el podio del Tour, resultaba obvio que el país con el acerbo ciclista más notable del mundo recuperaba las sensaciones de grandeza que los tiempos recientes habían aplacado. De aquel podio se cae, parece que definitvamente, un ciclista que nos encanta por todo lo que implica de honestidad y sacrificio, Jean Christophe Peraud, mayor, cansando y en la antesala de dejar el deporte al que tantos años lleva sirviendo.

Tercero fue, en esa edición, Thibaut Pinot, un poco por detrás quebaba Romain Bardet, el ciclista con contenido, que no estuvo en el podio, pero lo filtreó muchos días, a pesar de su obvia juventud de tez fina y ojos angelicales. Como en tiempos pretéritos, el ciclismo francés ya tenía su dualidad, como siempre, como en los viejos tiempos, los del Bobet-Robic, los del Anquetil-Poulidor, los del Fignon-Hinault, los del Jalabert-Virenque, incluso los del Demare-Bouhanni… ángel y demonio.

Y como las mentadas, esta dualidad presente ofrece los matices y antagonismos del pasado. El corredor medido, estudioso, urbanista y yerno perfecto, llamado Romain Bardet, frente al ciclista visceral, amante del terruño, apegado a lo suyo y carente de mesura que es Thibaut Pinot.

Sinceramente, ambos, en lo suyo, nos encantan. De Bardet hemos hablado quizá más veces, porque creemos que es la ciencia y la razón aplicada en en el rendimiento ciclista. No cabe mejor ejemplo que el último Tour, la carrera que apuntala, más si cabe, una trayectoria ascendente. El único movimiento de un grande de la carrera, más allá de los que plasmó el propio Froome, lo firmó Bardet en su asalto a la segunda plaza.

El de la Auvernia movió el equipo, atacó bajando, en un descenso donde los demás se caían y aguantó la subida final. Un movimiento: etapa y podio. Chapeau, esfuerzo medido y objetivo logrado. No esperéis locuras de Bardet, ni movimientos aislados, no entiende de ciclismo especulador, pero tampoco entiende de locuras. Si lo hace es porque puede, y si puede, seguro que querrá hacerlo. ¿A dónde llegará? es complicado saberlo, pero no es baladí lo conseguido y seguirá creciendo, tenedlo por seguro.

Enfrente el despeinado y a veces desencajado Pinot, el corredor de los Vosgos que rehuye la popularidad como alma que lleva el diablo. Su apego a los suyo y los suyos es el mejor termómetro para medír lo mucho que le afecta la presión y las expectativas que él solito genera. Este año sin ir más lejos, dio un vuelco a su suerte cuando ganó la contrarreloj de Romandia, frente a excelsos especialistas, con esos descensos que un día le quitaron el sueño y le descolgaron de los grupos.

“Hay favorito al Tour” pensamos esa tarde en vísperas del uno de mayo. Que un corredor, cuyo mejor logro fue ganar en Alpe d´ Huez , en uno de esos días de despecho que le caracterizan, complete su progresión ganado un test contra el reloj nos daba pistas de su potencial. Luego llegó el Tour y casi desde el principio el nombre que sonaba en retaguardia era el suyo, junto al de Contador, atosigado a caídas.

¿Podrá optar Pinot al Tour? yo creo que sí, pero si en el caso de Bardet la baza es más fiable, al menos no tan inestable, en el caso de Pinot los astros y circunstancias deberían alinearse para ello y eso no siempre ocurre. Es un tema de caracteres, cada uno con sus pros y sus contras, pero siempre con la sensación de que esto es un “dèja vû”, como si la Francia ciclista siempre se debatiera en los antagonismos.

Imagen tomada del FB del Dauphiné

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