Argumentos cambiantes frente a la trampa y el dopaje

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Iré directo al granoHay veces que, por más buena voluntad que pongas, no entiendes, ni aciertas a entender la postura que algunas personas adoptan frente a la trampa y en el caso que más nos desvela, frente al dopaje. No me refiero a personas que ejecutan la trampa, que medien acciones ilegítimas para lograr el éxito, me refiero a terceras personas, a periodistas que se postulan como el azote de los tramposos en competición pero no activan la misma vara de medir cuando hablamos del ocio. Hablo por ejemplo, así al azar, del narrador de Eurosport Antonio Alix.

Hace unos días el mentado y un servidor mantuvimos una conversación respecto a lo que aconteció en la Quebrantahuesos, donde una vez más quien cruzó la meta con el menor tiempo empleado fue un ciclista con trayectoria profesional de traca. Para mi interlocutor este tipo de marchas siempre han sido lo mismo, desde el principio de los principios, un grupo de ciclistas que salen a machacar y luego una gran masa que va a buscar mejorar su tiempo del año pasado.

Hasta aquí todo correcto. “Tú vas a maratones y te la pela quién gane, tú miras tu mejora y disfrutas con ella” me vino a decir y con toda la razón, un servidor cuando compite, por llamarlo de una manera, nunca se preocupa de quien quedó cien puestos por delante. Luego replicó diciendo que sí, que puede que hayan muchos “mamados”, que posiblemente le den al evento una imagen poco edificante, que manchan el buen nombre del cicloturismo, pero que a pesar de todo, la Quebratahuesos es un éxito total, que para el año que viene ya hay gente esperando inscribirse y que el negocio es redondo.

Para decir todo esto argumenta que “siempre ha sido así” y pone encima de la mesa que conoce las marchas cicloturistas –y ciclodeportivas- desde su creación. Incluso me habla de infraestructuras propias de carreras profesionales, con coches de asistencia para los participantes, y él rellenando los bidones en las fuentes. Si no me equivoco habla de marchas italianas y francesas que no llevan el apelativo de cicloturista, y sí de ciclodeportiva. Peso ese es otro debate.

Sin embargo este discurso es inverso al que mi interlocutor mantiene cuando habla de competición. En su ideario no existen las segundas oportunidades. Se muestra despectivo con quienes hicieron pitar la máquina. Es curioso el cambio de tercio. Para una cosa miras para un lado, para la otra no.

A mí me parece igual de repugnante la misma cosa se haga en un sitio u otro, incluso diría más, forzar con esto o aquello para cruzar primero una marcha ¡¡¡cicloturista!!! me parece ruin y de una bajeza indescriptible, sin embargo cuando eres profesional, ves lo que hay y aprecias lo que tienes y caer en la trampa sería hasta comprensible -y con esto no quiero justificar nada-. Y no me vale que a pesar de todo “el negocio funciona por que siempre funcionó así” porque el Tour funciona hace 110 años, en actualidad sigue siendo una máquina de hacer dinero, sigue movilizando masas en las cunetas, los padres siguen acercando a sus hijos,…

La primera trampa en la historia del Tour se identificó en la segunda edición cuando meses después de concluir se expulsó al ganador por no tomar los caminos adecuados. La historia del dopaje en el Tour se reconoció ya en los años veinte con los Pélissier, y siguió un inequívoco camino estando siempre presente y explosionando ahora, pues hace treinta años quien daba positivo elegía qué periodo de sanción le iba bien cubrir. Se le ha desposeído de siete triunfos a Lance Armstrong, se le ha retirado el saludo a Bjarne Rijs, se piensa en seguir hurgando en la edición del 98,… pero la caravana de hacer dinero sigue saliendo cada mañana, unas horas antes de que lo haga el pelotón.

Con todo convendría preguntarnos qué tipo de cicloturismo queremos, qué tipo de ciclismo queremos,… y si agarrarnos a eso de que “siempre fue así” se convierte en argumento, perfecto, apliquémoslo, pero a todo, no sólo a lo que nos convenga pues como vemos al final, todos incurrimos en contradicciones.

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