Así murió Tom Simpson

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Portada del Marca el día que murió Simpson

Jaime Mir seguía quemando etapas del Tour, hasta que llegaron a la base del Mont Ventoux, allí todo se aceleró…

“Nada me ha impresionado más en la vida que la muerte de Tom Simpson en el Ventoux. Recuerdo que Plans y yo lo superamos en coche en plena subida, antes de que cayera. En ese momento ya le vimos muy perjudicado, no era capaz de llevar la bici recta. ‘vaya pájara lleva este chico’, nos dijimos. Nos enteramos de que se había caído. Un poco más arriba, Plans, que entendía perfectamente francés, me dijo que se había vuelvo a caer. ‘No puede ser, no puede ser, a este chico le pasa algo’”.

Julio de 1967. Ciclismo de quilates a un lado y a otro de los Pirineos, ciclismo de luto, ciclismo negro. En quince escasos días Jaime Mir contempló cómo dos corredores perdían la vida en la carretera compitiendo y practicando el deporte de sus amores, ejerciendo su profesión. El día soplaba caluroso, extenuantemente seco en las lomas del Mont Ventoux, el monte que describió Petrarca y que desde antiguo los romanos dejaron pelado, como un gran pedrusco, solo, en medio de la Provenza. Mir llevaba el 600, el único de toda la caravana del Tour, que Joan Plans dispuso para seguir la prueba para El Mundo Deportivo.

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