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En el Aspin también hay miserias

@JoanSeguidor

En el Aspin también hay miserias

Endura LDB Di17
Cambrils ZC, Gran fondo

Octavo día del mes de julio. Séptima etapa del Tour de Francia. La Grand Boucle llega fiel a su cita con los Pirineos y lo hace, por fin, rindiendo homenaje a un modesto gran puerto, uno entre muchos, si lo comparamos con sus más afamados y gigantes vecinos que hacen sombra a sus 1489 metros de altitud.

Cambrils ZC, Gran fondo

Aspin. Puro aroma pirenaico. Coronar su cima y contemplar lo que hay al otro lado es toda una mística experiencia que no se olvida jamás. La visión como telón de fondo inalterable de los Pirineos, majestuosos, no es fácil de explicar. Para mí fue inolvidable cuando hollé su cumbre con mi bici. Fue una frenada suave. No estaba demasiado cansado porque tampoco me había exprimido demasiado, a la espera de “lo que pudiera suceder después”, pero me quité las gafas mientras una gota de sudor corría por una de las lentes, frotándome los ojos y fue entonces cuando me di cuenta de la grandeza de estas supremas montañas, convirtiéndome en un pireneísta más.

El col no sólo ha sido eclipsado por mitos como Tourmalet y Aubisque, también a nivel histórico y de épica, al carecer de la aureola que rodea de magia a los grandes colosos pirenaicos por haber sido siempre puerto de paso, transitado en numerosas ocasiones.

Pero esta vez sí será decisivo, por sí solo, y lo hará por su vertiente más dura, la de Arreau, para que por fin pueda formar parte de esta honorable tierra que son los Pirineos con todos sus puertos y entre en la leyenda, que es decir la misma que la del Tour.

Sin embargo no hay que olvidar que esta cuesta forma parte del llamado “Círculo de la Muerte”, una frase terrible para definir el encadenamiento de Aubisque y Tourmalet escoltados por el propio Aspin y el Peyresourde que ya iban juntos en el gran estreno de la montaña en 1910 y por donde Lapize empezó a escribir sus primeras gestas, impregnando estas montañas de su espíritu y sacrificio, engrandeciendo con sus cabalgadas el Tour.

Pero esta terrorífica cuadratura del círculo fue considerada tan terrible, mortal y decisiva que el propio Desgrangre optó por descartar entre los años 1928 a 1932 tanto a nuestro pequeño gran protagonista como a su vecino Peyresourde, a 1569 metros de altitud.

Aspin que, si nos remontamos a aquellos años, era una montaña pobre, como tantas otras, en la que sobrevolaban las águilas y las sanguijuelas se arrastraban por aquellos caminos de tierra “salpicada por sucias casas de campo de tejados bajos y de pizarra negra, hundidos por fuertes chaparrones” (Diario L’Équipe) pero que cuando llegaban los campeones sus habitantes permitían evadirse de sus miserias contemplando el paso de los sufridos corredores.

Una senda despiadada que ponía a prueba hombres y máquinas, nervios y acero.

A pie o pedaleando toda la noche, habiendo abandonado sus rebaños e incluso sus coches tirados en las cunetas con los radiadores quemados, todo valía con tal de estar en primera línea para contemplar en directo como estos gigantes de la carretera, inmersos en la sauna de estas rampas, chorreaban sudor color café con leche que se pegaba sobre sus encorvadas espaldas.

Vayamos con sus datos.

Doce kilómetros y 800 metros de desnivel. Pendiente media del 6,6%. La carretera se retuerce sobre sí misma pasando una media docena de veces por el mismo lugar pero siempre elevándose varios metros por encima, cada vez más: un juego de niños para los mejores escaladores de la ronda francesa.

Hoy en día, que todo está más bajo control y pocas escaramuzas se permiten, Aspin se suele acometer en bloque por casi todos los integrantes del pelotón internacional, a la espera de los grandes retos que sobrevendrán después. Una muestra de ello, a modo de ejemplo, es cómo se ascendió en 2004, controlado por los US Postal de Hincapie, Beltrán y Noval, haciendo limpieza para que aún un entonces héroe texano llamado Lance asaltará el maillot amarillo camino de La Mongie.

Pero esto no sucederá este viernes en esta primera etapa de aperitivo montañoso, porque en ella se destaparán por fin las caretas y sabremos quién posiblemente no gane el Tour, una carrera esta octava etapa en Pirineos en la que los corredores multiplicarán sus energías y tendrán necesidad de rebelarse, de mostrarse cara al público: todos querrán triunfar aquí.

Que así sea.

Por Jordi Escrihuela , desde Ziklo

Imagen tomada de www.infoclimat.fr

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