El atentado que eclipsó a Mariano Cañardo

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El día 19 de junio de 1987 fue viernes. A eso de primera hora de la tarde, muchos barceloneses acudían a su cita semanal con las compras en Hipercor. El centro comercial, sito en la Meridiana, la arteria que colinda con los confines de Sant Andreu, el barrio donde Mariano Cañardo hizo su vida, era objeto del atentado terrorista más cruento perpetrado por ETA hasta el momento. Hipercor es leyenda negra.

Aquella tarde, pasados unos minutos de las cuatro, un coche bomba cargado de explosivos reventaba en el aparcamiento de Hipercor, convirtiendo la imagen de una tarde de principios de verano en un infierno. El atentado de Hipercor dejó 21 personas fallecidas y muchos heridos. Los daños materiales fueron cuantiosos en Hipercor. La ignominia de terrorismo había infligido una terrible herida en el alma de una ciudad como Barcelona, en vísperas de su nominación olímpica. Hipercor pasó a la historia como lo peor que habíamos visto hasta entonces. Treinta años ya y los testimonios de aquella tarde siguen removiéndonos el estómago. Hoy visto desde la perspectiva del tiempo, vemos que Hipercor se quedó para siempre en la memoria.

En el umbral del barrio de Sarrià barcelonés, en la clínica Corachán, cerca de donde vivía otro gran personaje de la historia del ciclismo en este país, Alberto Gadea, director técnico de la Vuelta, entre los muchos cargos y responsabilidades que se atribuyó, Cañardo vivía sus últimas horas Mariano Cañardo, mientras acontecía lo de Hipercor. Con 81 años, una vejez envidiable, una salud de hierro quizá forjada en las tremendas jornadas que le tocó soportar como ciclista, Mariano moría de una hemorragia cerebral, informaban los medios. Un cáncer de colon muy extendido, tanto que se desaconsejó intervenirlo, fue el desencadenante. Mariano se iba el mismo día que en la puerta de su casa se vivía el drama de Hipercor.

Aquellos días, en que el mundillo del ciclismo vivía los momentos previos al Tour de Francia que le ganaría Stephen Roche a Pedro Delgado por escasos segundos, y miraba a la Vuelta a Suiza para completar su pronóstico para la Grande Boucle, el ciclismo español perdía a su primer campeón.

Así abrió, al día siguiente, El Mundo Deportivo su doble página destinada a la leyenda de Mariano, pues en medios generalistas la pérdia de Mariano quedó ensombrecida por el atentado de Hipercor:

El corazón de Mariano Cañardo, que tantas veces le había ayudado a concretar su esfuerzo y a entrar el primero en la meta, decidió pararse ayer, cuando contaba 81 años. Uno de los grandes mitos de la historia del deporte en la bella modalidad olímpica del ciclismo ha dejado un hueco profundo e imposible de rellenar. Todo el mundo conocía a Mariano Cañardo. Era un catalán de Olite (Navarra) que cambió su vida de pastor por la de ciclista. En Sant Andreu, su barrio barcelonés, debía pararse cada dos minutos para saludar a alguno de sus admiradores y amigos. A pesar de sus 8l años, caminaba con soltura y su espalda desconocía la curva de la senectud. Su vivacidad estaba íntimamente ligada con el mundo del ciclismo, en el que cooperaba activamente aportando su carisma y sus amplísimos conocimientos. Era requerido en toda suerte de carreras para presidir el palco, asesorar técnicamente, entregar trofeos o, simplemente, honrar a todos con su presencia. Hasta su último aliento, Mariano ha estado al pie del pedal.

Pasados diez años, el periodista Màrius Serra, muy conocido como autor de crucigramas, le dedicó un emotivo recuerdo a Mariano Cañardo y a la trágica jornada de Hipercor. Màrius firmo cinco columnas de La Vanguardia, en las que lamentó la coincidencia de ambos sucesos y la injusticia, mediáticamente hablando, de la que fue víctima Mariano ante la avalancha de emociones e información que llegó desde el centro comercial de Hipercor:

Cañardo falleció la misma noche que estallaba una bomba en su barrio: la famosa bomba de Hipercor. El gran campeón moría por causas ajenas al atentado, a pocos metros de la tragedia que habría de llenar las páginas de los periódicos al día siguiente. Un azar macabro expulsó al óbito de Mariano Cañardo de las hemerotecas y esa muerte condenada a la clandestinidad mediática por culpa de una tragedia mayor siempre me pareció una fatalidad”, apuntó el columnista de La Vanguardia, quien concluyó instando a “ofrecerle al gran Mariano Cañardo el modesto lugar que merece en las hemerotecas que el terrible error de Hipercor le arrebató”.

Extracto del libro “Mariano Cañardo, el primer campeón

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