Balance de daños en Corvara

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Tras la etapa que hemos presenciado, la decimocuarta del Giro de Italia, con llegada a la población alpina de Corvara, bajo la presencia de miles y miles de entusiastas aficionados, se puede afirmar con rotundidad que la ronda italiana ha alcanzado cotas de alta emoción a raíz de lo que dio de sí la citada etapa, una etapa sumamente severa por la inclusión de nada menos seis puertos de alta montaña colocados uno tras otro, que se alzaban en las montañas de la llamativa región dolomítica, que han constituido siempre una cotizada tradición histórica.

La prueba, ahora, deberá afrontar en el curso de esta última semana una disyuntiva a todas luces trascendente antes de su epílogo final que tendrá lugar, una novedad, en la ciudad de Turín. La capital lombarda, Milán, por esta vez, ha cedido su puesto en señal de buena hermandad y de estrecha colaboración. Es admirable el poder comprobar, día tras día, la efervescencia que el Giro ha ido cobrando a medida que los participantes se han ido adentrando en su propia esencia. Esta vez, somos sinceros en decirlo, esta competición internacional, se ha ido acomodando al sentido real a la que nos tiene ya acostumbrados, léase ediciones anteriores. Poco a poco, se han ido dilucidando las cartas de los que son más favoritos tras una serie de etapas que han tenido una influencia puramente selectiva.

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A estas alturas quisiéramos creer o apurar que colocamos sobre el tapete a cuatro ciclistas que cuentan con más opciones para aspirar al triunfo absoluto. No son otros que el actual líder, el holandés Steven Kruijswijk ¡vaya sorpresa!, el colombiano Johan Esteban Chaves, loable ganador de la citada 14ª etapa, el italiano Vincenzo Nibali, siempre batallador, e incluso en un marco algo más retraído, nuestro representante español Alejandro Valverde, que atento a los acontecimientos que se van sucediendo en el Giro, casi siempre se le localiza en primera línea, incluso sabiéndose que no es precisamente un escalador nato un tanto específico, esta arma que en el Giro los que concurren bien necesitan. Descartamos a algunos otros que siguen en liza, pero que arrastran ya más de tres minutos de desventaja en la tabla de la general, un lastre que a la hora de echar cuentas nos pesa a la contra.

Centrándonos en las vicisitudes de la etapa decimocuarta, debemos hacer hincapié en torno al Paso de Giau, con sus 2.236 metros de altura y asimismo con una decena de kilómetros de ascensión, con un porcentaje medio de pendiente del 9,3 %, fue el juez de paz que dirimió el resultado de la etapa, una etapa que dejó al gran grupo notablemente disgregado por su acusada dureza y que marcó el sentido por dónde iba a desembocar tan electrizante jornada. Quedaban por delante todavía una cincuentena de kilómetros de difícil digestión por la configuración intrincada del terreno que los corredores se desenvolvían. El pelotón fue disgregándose paulatinamente. No hubo concesiones por parte de los denominados jueces de paz que presidían la contienda con severidad. Esforzada fue la actuación del costarricense Andrey Amador que perdió terreno y que incluso acto seguido lo recuperó, gracias al realizar un magnífico descenso, apurando las peligrosas curvas que adornan el célebre Giau, un collado que por las circunstancias que me ha dado el ciclismo, bien conocemos y admiramos.

Pero a lo dicho, se afrontó a continuación el Paso de Valparola, cuya cima se situaba a una veintena de kilómetros de la línea de llegada, emplazada en la población de Corvara. Resultó que Darwin Atapuma, otro ciclista sudamericano que se hace notar, tomó el mando de la carrera y apuró al máximo pedaleando en solitario tal como hacen los valientes. Tras él, como fieras enjauladas y con el deseo de evadir, se formó un cuarteto integrado por el colombiano Chaves, el holandés Kruijswijk, el austríaco Preidler y el bielorruso Siutsou, que desfallecería en las cercanías de la misma Corvara. El contraste o el último fogonazo que se contempló fue ver como Atapuma, que ya acariciaba la victoria, fue alcanzado y rebasado a muy poco antes de cruzar la meta, transparentada con una enorme y agria desesperación. El ciclismo, no pocas veces, es traicionero, aunque nos cueste creerlo o asimilarlo. Pensamos que no tendría de ser así. No siempre los que más se lo merecen palpan las grandezas que lleva consigo cualquier victoria.

En la tabla absoluta, ha conquistado el liderato Steven Kruijswijk (28 años), que arrinconó a Andrey Amador, el animoso costarricense, que ostentó por un día la camiseta rosa. El corredor holandés, nacido en la localidad Nuenen, en la provincia de Brabante, es una vocación tardía. Es profesional desde el 2006 y pertenece actualmente al equipo Lotto-Jumbo, sin alcanzar un historial de los que llaman de campanillas. Sus actuaciones, en verdad, han pasado más bien desapercibidas por el gran público. Mide un metro con 78 de altura y pesa apenas 64 kilos. Ahora, según parece, despiertan sus esperanzas. Vale la pena recordar que precisamente en el Giro de Italia, consiguió ser el octavo, en el 2011, y el séptimo, en el 2015, lo cual nos da a entender que se encuentra cómodo en las tierras transalpinas.

Le siguen en la clasificación el italiano Vincenzo Nibali (2º), a 41 segundos; el colombiano Johan Esteban Chaves (3º), el español Alejandro Valverde (4º), el costrarricense Andrey Amador (5º), el polaco Rafal Majka (6º), el ruso Ilnur Zakarin (7º) y el otro colombiano Rigoberto Urán (8º). Mientras que desaparece de la primera línea el luxemburgués Bob Jungels, un ciclista que nos ha llamado poderosamente a la atención y que finalmente no ha podido con el peso de los kilómetros y de las montañas dolomíticas.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB del Giro de Italia

1 COMENTARIO

  1. En efecto, como menciona el Sr. Fuster, el puerto de Giau hizo de decisivo juez de paz en la citada 14a etapa dolomítica. Una subida con 10 km al 9% de desnivel no es nada despreciable, teniendo más en cuenta los kilómetros que los héroes del pedal ya llevan en sus piernas. Aspiramos en un futuro a poder recorrer este collado.

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