Si Astana no fuera una banda…

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Habría dado dinero por ver por una rendija a Alberto Contador en el sofá de su casa. Lo habría dado gustosamente, de verdad. El azul cielo de Astana, el mismo cuya inoperancia le facilitó un Giro de Italia, ha sido protagonista de la etapa andorrana de la Vuelta a España. Mikel Landa y Fabio Aru, sus dos grandes rivales en Italia, han redondeado otro capítulo histórico para  un equipo que es una banda.

Fabio Aru, el ciclista de prominente dentadura, ha sido, a pesar de todo, el hombre del día. Cabría ver primero si la ayuda de Landa, sumada a los segundos de bonificación, le habrían catapultado más, pero el sardo toma el mando en el momento clave. El vasco no le esperó, tras un día en fuga. Sea como fuere el papelón es interesante. Astana tiene las fuerzas, el talento, pero no las ideas. Ganan porque tienen un equipazo y eso que perdieron a Nibali. ¿Trabajará Landa para Aru? ¿lo hará de buen grado? ¿incondicionalmente? Veremos…

La etapa estuvo bien. 5000 metros de desnivel no son broma, ni para tomárselos a pitorreo. Hubo decepción en ciertos pasajes de la etapa. No había movimientos serios, se decía. Había conformismo, se añadía. Se omitía lo que siempre pasa en jornadas de esta naturaleza, que pasados muchos kilómetros y metros de desnivel, los que menos pensamos revientan y lo hacen por el peso propio de la dureza de un deporte como no hay otro igual.

Y en Cortals d´ Encamp lo vimos. Reventaron los dos Movistar, especialmente Nairo, que perdió el compás de una forma alarmante aquejado por fiebre de madrugada. Puede ser año en blanco para el colombiano. Cuando estuvo al 100% en el Tour no lo dieron todo, ahora, con problemas físicos, echarán de menos esos momentos.

Lo pasó mal Purito, también Majka. Chaves sufrió. Pero emergió Tom Dumolin, quien defendió el liderato solo, siempre solo, escondido en el peloton primero, y en primera persona, al final. Dumolin ha pasado la prueba del algodón. Tiene Burgos y su crono por delante, pero también una bonita colección de finales en alto. De cualquiera de las maneras su Vuelta está siendo notable.

La carrera ha atravesado su meridiano y el podio del Tour ya se ha escurrido. La jornada había empezado cruzada para Froome, que en el primer kilómetro ya besó el suelo. Los primeros puertos del día pasaron sin pena ni gloria al ritmo de Christian Knees que no tuvo otro objetivo que el de esconder la debilidad de su jefe. Froome explotó y confirmó que las dudas que tenía de inicio eran fundadas.

El doble ganador del Tour afirmó que nunca había corrido una etapa de este calibre. Nosotros dijimos que Froome nunca había disputado dos grandes a bloque el mismo año. Como ven las torres más altas también caen.

No obstante, cualquier balance de la etapa más esperada de la Vuelta a España de 2015 debería arrancar desde el nombre de un ciclista portugués, Sergio Paulinho, quien atropellado por una moto de televisión, se llevó un souvenir en forma de retahíla de puntos de sutura. Triste, inexplicable, calamitoso,… el ciclista parece tener su peor enemigo dentro. El daño está hecho, se piden reuniones, entrevistas, explicaciones. Se firman cartas, manifiestos, pero estas  calamidades siguen pasando y con una frecuencia que en cualquier otro deporte profesional sería impensable.

Imagen tomada de FB de La Vuelta 

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