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Bares ciclistas, qué lugares

Bares ciclistas JoanSeguidor

Opinión ciclista

Bares ciclistas, qué lugares

Bares ciclistas, qué lugares

Tiempo de lectura:3 Minutos

En los bares, los ciclistas avituallan el estómago y abren “su alma”

Bares… Tan gratos para conversar.

Pensaréis que ya está éste de nuevo dando la vara con la musiquilla, ¿verdad?

Si es que no lo puedo evitar.

Sí hombre, ya sabéis, lo de ir en bici y que nos acordemos de alguna canción que se nos pega tanto, que no somos capaces de quitárnosla de la cabeza en toda la salida.

Normalmente suele ser el estribillo, claro.

Pues esto me pasó el otro día mientras andaba yo pedaleando por la deliciosa carretera de Piera a Vilafranca, pasando por Sant Sadurní d’Anoia, en pleno corazón de mi querida comarca del Penedès, tierra del vino y cava.

Hacía un tiempo que no recorría a lomos de mi bici esta ruta de tantos y bellos recuerdos para mí, un circuito que repetía sin parar y que me marcaba la hora de mi estado de forma.

Pues como digo, ese día, pedaleando de manera más pausada y tranquila, me fui fijando en los bares y restaurantes que, a pie de carretera, intentaban llamarme la atención para que hiciera un alto en el camino y parara en alguno de ellos para almorzar.

Bueno, atraían mi curiosidad a mí y a los cientos de cicloturistas que pedalean por estas carreteras todos los fines de semana.

Cambrils oct.2018

La prueba estaba en que, en muchos de ellos, decenas de bicis aparcadas frente a esos establecimientos delataban la numerosa presencia de cicloturistas desayunando en su interior.

También, con cierta envidia sana, ver cómo muchos grupos de ciclistas disfrutaban de aquel momento de encuentro entre platos de mongetes con botifarra, embutidos variados, bocadillos de tortilla y algunos porrones de vino -con moderación, por favor-, cómodamente sentados en alguna terraza exterior, entre sol y sombra, de alguno de aquellos bares.

No era para menos.

Las ofertas para parar a avituallarnos en estos sitios eran de lo más tentadoras, hechas a medida para nosotros, los cicloturistas, anunciadas en los típicos carteles de pizarra de los bares:

“Menú ciclista de fin de semana”

“Desayunos ciclistas”

“Almuerzos populares para ciclistas al precio de 5 euros”.

Fue en ese momento cuando me vino a la cabeza la famosa canción de los 80 de Gabinete Caligari:

Bares, qué lugares, tan gratos para conversar

Esta idea -qué buena es la bici para pensar y que se te ocurran cosas- fue la que me hizo reflexionar, y reparar un momento, en que pocas veces hemos hablado de estos sitios que solemos frecuentar en nuestras paradas para almorzar y que son “tan gratos para conversar”.

Sin duda, ¿verdad?

En ellos reponemos fuerzas, descansamos un rato -sin prisa pero sin pausa, que hay que volver a casa-, charlamos con nuestros colegas, hablando de rutas, desniveles, puertos…

Nos contamos nuestras batallitas, criticamos o alabamos a algún pro o carrera ciclista, pero sobre todo, con mucha frecuencia, en los bares, sentados delante de una mesa y mantel, es donde alimentamos nuestras ilusiones ciclistas, organizando nuevas salidas, hablando de los próximos retos o preparando la logística de la inminente gran marcha que se celebrará la próxima semana.

Ciclistas al asalto de bares

Entre reconfortantes ánimos, en estas charlas, aplacamos (o al menos lo intentamos) nuestros nervios, inquietudes o miedos: “ya veremos si la acabo”; “pues yo no he podido entrenar mucho”; “buf, esta semana fatal, no podré salir que tengo mucha faena”.

Cuando después sabéis perfectamente que tanto vosotros, como vuestros colegas, el próximo sábado andaréis “a tope”.

¿No es así?

Volviendo a nuestros bares, sobre todo los más reconocidos por nosotros en nuestras excursiones de fin de semana, saben lo importante que es cuidarnos, clientes que con hambre canina nos presentamos -muchas veces sin avisar-, y en grandes pelotones, para acabar con las existencias de barras de pan del establecimiento, haciendo temblar a más de un camarero o camarera, al vernos entrar en tropel.

Y no os digo nada de las que se lían a la hora de pagar, porque lo sabéis.

Siempre hemos comentado, al menos en nuestro club, la idoneidad de reservar el día anterior en el bar del pequeño pueblo que vayamos a conquistar con nuestras monturas el sábado o el domingo.

Porque esa es otra y ya veis la cara que ponen sus vecinos cuando aparecen decenas de bicicletas ocupando su tranquila localidad de costa o montaña.

Muchas veces hemos desestimado esa idea porque, aunque más o menos somos lo de siempre, nunca sabemos a ciencia cierta cuántos seremos en la salida, o si lloverá y no podremos ir -dejando colgado al pobre propietario- o cualquier otro e imprevisto percance.

Pero todo esto parece que va cambiando poco a poco y se está imponiendo una moda entre bares y restaurantes que viene para quedarse, porque se han dado cuenta del negocio que suponemos.

De esta manera, muchos de ellos, ya cuentan con mejoras en los servicios para ciclistas que deseemos reponer fuerzas durante nuestras excursiones.

Así ya podemos encontrar algunos lugares donde ofrecen una amplia carta de platos especializados para cicloturistas, y que además disponen de grandes terrazas para disfrutar del sol y que son casi punto de parada obligada para los grupos ciclistas que realizan las diferentes rutas de esa zona.

Hay restaurantes que en su afán de atraer a potenciales clientes de las dos ruedas han dado una pedalada más allá, bastantes, e incluso se están especializando en el cicloturismo, adecuando sus instalaciones con todo tipo de servicios: desde colgadores de bicicletas, bombas para hinchar, herramientas básicas para pequeños ajustes, prensa ciclista, mapas, guías y, por supuesto, wifi gratis.

Cambrils estos días es ciclista 

Todo esto también ha supuesto que muchos locales que ponían trabas, o no era fácil, entrar a comer con nuestras bicis, han visto que este estilo de vida, ya no sólo como ocio o deporte, sino también como medio de transporte, han permitido la entrada sobre dos ruedas, siendo ya habitual la presencia en sus interiores de bicis aparcadas mientras tomamos un café cómodamente sin sufrir por ellas porque las hemos tenido que dejar en la calle.

Ya para acabar, rizando el rizo, nos encantan esos locales que exhiben material ciclista reutilizado: manillares que hacen de perchas, sillines en los taburetes, ruedas convertidas en mesas, horquillas que hacen de porta-rollos, focos que son lámparas o bicis de colección colgadas de las paredes como obras de arte.

¡Genial!

Por Jordi Escrihuela

Imagen: Bikefriendly

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Antonio

    5 de noviembre, 2018 at 15:28

    La semana pasada estuve en Barcelona y aproveché para visitar el Eroica Café. No conozco mucho la ciudad o si hay más establecimientos de este estilo, pero me gustó encontrar un sitio así que realce el ciclismo como contexto para montar un bar.

    • Iban Vega

      5 de noviembre, 2018 at 16:16

      te puedes creer que nosotros siendo de BCN no lo conozcamos???

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