Beñat & David, cuánto bueno por Asturias

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Es una pena, de verdad, en lo que se está convirtiendo el calendario ciclista español. Otrora brillante rompeolas de tendencias y nacionalidades, el ciclismo en España se reduce a goteo incesante, paulatinamente, con temor a quedarse en testimonial. Perdemos músculo, y eso es una evidencia. Estos días lo hemos visto con la versión reducida de la Vuelta a Asturias, como hace unos días con la de Castilla y León, como antes la murciana. En fin, esperemos tiempos mejores.
Jóvenes y sobradamente preparados
La Vuelta a Asturias es una de esas carreras que quedó desubicada hace siete años cuanto el UCI Pro Tour se formuló como bálsamo. Ese nuevo emplazamiento, entre dos mares, sin ser top, pero tampoco de perfil bajo. Hace un tiempo comentamos el difícil panorama de algunas carreras en España. Carreras hace unos años categorizadas como de segunda. Ahora caen por su propio peso, a plomo, reduciendo etapas, días, y luego quedando en el recuerdo (Valencia, Setmana, Bicicleta Vasca,…).
A la consabida reducción del presupuesto mediático que las rodean, qué tiempos cuando veíamos Asturias en la tele, se le une una degradación palpable en la nómina de participantes. Ello sin embargo no nos puede distraer de que a pesar de los pesares, tenemos buenos momentos, como los que dos chavales llamados Beñat Intxausti y David de la Cruz nos han brindado.
Beñat es un ciclista que llevo tiempo pensando que apunta muy alto. Por lo que fuere nunca acababa de volar a ese nivel. Espero que Asturias sea punto de inflexión. El año pasado tuvo que convivir con la pérdida in situ de su compañero Xavier Tondo en Sierra Nevada, y ese mal trago no se lo deseo a nadie. De cualquiera de las maneras ofrece el rendimiento que se espera de un campeón moderno, poderoso en las cronos y versátil hacia arriba. Como buen vasco le gusta mucho la lluvia. Recuerdo cuando ganó el Premi Inauguració de L´ Hospitalet hace seis años. Corría en el Seguros Bilbao y ya lucía su distintiva perilla. Aquel fue un día de perros, escalofriante, lluvioso a más no poder. En medio de una marea de veteranos y curtidos ciclistas aquel ganador con tez de niño llegó antes que nadie. Toda una premonición.
David de la Cruz es un tipo entrañable. Un ciclista que ha mamado las dificultades de la vida antes de tocar pelo como merecidamente le está pasando. Primero atleta, hastiado de lesiones e interrupciones, probó fortuna en ciclismo en esa escuela de personas primero y ciclistas después que es el Club Ciclista Sant Boi. Fulgurante se podría decir que fue su paso por categorías inferiores. Mucho más precisa que aquellas hechuras que manejaba en los descenso, tan novato él. Pero al tiempo no descuidó otras facetas, trabajó las cronos, es campeón de España de persecución sub 23, y ello le trae, dos años después de ver cómo podía devolverle bien poco al Caja Rural, resultados muy positivos, tanto que el pequeño David ya ha sido segundo en una carrera que han ganado los más grandes.
Esperemos, Dios mediante, que sí, que tanto Beñat como David tengan esa suerte que sin duda merecen. Su calidad personal y profesional lo atesora. 
Foto tomada de www.biciciclismo.com 

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