El amor platónico entre la bicicleta y el transporte público

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La relación entre la bicicleta y el transporte público en nuestro país se asemeja a una de esas telenovelas sudamericanas en las que sólo se habla de amores imposibles. A priori vemos el final feliz, lo tocamos, está cerca, pero es un amor platónico que al final parece imposible.

De todos es sabido que la combinación de transporte público y bici en el norte de Europa es un caballo ganador. En países como Suiza, Alemania u Holanda es muy común usar la bici para llegar a la estación y luego acceder al tren y, luego, una vez finalizado el trayecto, volver a utilizar la bici hasta el punto de destino. Aquí tenemos algunos trenes de cercanías en los hay habilitado un espacio para colgar bicis. Es un paso pero en mi experiencia personal siempre he tenido problemas con el revisor a cuente de la bicicleta.

Siempre había un problema: que éramos muchas bicis, y muchas bicis eran cinco, que deberíamos haber avisado con antelación y nos tenían que dar un permiso, cosa que la persona que nos vendió los billetes no nos advirtió, o que simplemente en ese tren están prohibidas las bicis, a menos que hayan sido perfectamente empaquetadas o dispongan de una funda reglamentaria.

Es curioso que en un tren como el AVE, que une dos ciudades tan importantes como Madrid y Barcelona en menos de tres horas, no se pueda llevar una bici, a menos que sea una Brompton perfectamente acoplada en su funda. En el AVE te venden que te llevan de centro a centro de ciudad y sería perfecto para muchos ejecutivos que usan la bici en su ciudad pudieran llevársela para usarla en la otra. Llamadme soñador.

Pero si hablamos de distancias mas cortas, si nos centramos en desplazamientos por la misma ciudad, siempre estamos a expensas de la hora punta. Sólo hay unas horas determinadas dependiendo de cada comunidad para el transporte público. Vamos que si estás en el medio de tu ciudad y cae una tormenta, el ciclista no puede subir al metro con su bici. Sólo caben dos opciones: o la dejas abandonada, eso sí, debidamente atada para volver a casa en metro, o te marcas una de esas etapas épicas donde te juegas la vida hasta tu casa, si no quieres dejar atada tu bici a expensas de la calle.

A menos que tengas una plegable y entonces se considere equipaje de mano. Eso es que no moleste a nadie, de lo contrario oyes comentarios, cuchicheos y demás sandeces sobre lo caprichoso que es ir a los sitios en bicicleta. En los autobuses está prohibido subir bici, aunque también aquí las plegables están de suerte.

¿Alguno ha probado a pedirle a un taxista que te lleve la bici? Yo lo tengo pendiente… Pero algún amigo no ha tenido suerte al respecto. Así que parece que las opciones disminuyen. ¿Qué pasa entonces? ya lo tengo. La única opción es utilizar la bici pública, obvio. Entonces sí que puedes combinar transporte público y bici, si utilizas su propia bici. Igual es por eso ¿no? Igual no interesa la bici privad porque ¿Qué rendimiento sacan los ayuntamientos de la bici privada?

Desde Barceloneta Bikes

INFO 

En Lucky Bastërds nos hablan de un elemento muy importante para ciclistas urbanos: los straps de pedales

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Se trata de un accesorio fundamental para las bicis de piñón fijo, porque significan el único sistema de seguridad para los que no llevan freno o llevan un solo freno. Es un sistema de retención que básicamente te ayuda a frenar hacia atrás con los pedales sin que vueles de la bici.

No obstante como todo sistema de frenado, los straps de pedales deben ser regularmente mirados para ver si hay desgaste. Todo depende de cuánto los usas y del tipo de bici que tengas. Nuestros straps aguantan bastante y a nivel de relación precio/calidad son de los mejores del mercado.

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