#BonjourTour etapa 12

0
4
vistas

El Tour es hoy, día nacional de Francia, una saeta oblicua que atraviesa y divide en dos la hermosísima Provenza. El final como sabéis está en una de las tres cimas más legendarias del Tour, posiblemente sólo Tourmalet y Alpe d´ Huez la superen. El Mont Ventoux llega tres años después para erigirse en juez de paz entre Chris Froome y Nairo Quintana. Entonces el inglés ganó por KO del colombiano que, muy contrariamente a lo que hace ahora, llegó a a atacar de lejos y nos dio una imagen terrible desplomándose roto en la cima del monte pelado.

Pero esta vez no habrá cima. Vientos superiores a los 100 kilómetros a la hora invitaron a no hollar la coronilla para no lamentar ninguna desgracia. Llegando a Chalet Reynard la carrera se priva de sus últimos seis kilómetros y por tanto de una dureza sin igual, un lugar despiadado y áspero que seguramente hubiera puesto en aprietos a los grandes.

Con ese recorte, y dada la racanería que ha dictado sus actos, será complicado pensar que los azules caminen quietos y no intenten nada. Hoy es día de quemar las naves, sobretodo porque tras dos semanas de carrera, Nairo mantiene ciertos réditos que a partir de ahora debería ratificar. Mañana tiene una crono, nada menos. Pero no obviemos a otros, a Yates, Martin, Bardet, Porte y Purito, quienes hoy tendrán un punto de inflexión en su suerte.

El lugar

La ruta de hoy es ciertamente monumental, se sale de Montpellier cuya Place de la Comedie es centro neurálgico, se atraviesa por Nimes, preciosa ciudad medieval bautizada por una de las arenas romanas mejor conservadas, se cruza el Ródano y por tanto se adivinará la tremenda mole del Palacio de los Papas de Avignon y se llegará al Ventoux, el auténtico símbolo provenzal, en cuyas faldas se pueden degustar los buenos vinos que entre otros tienen al ganador de la Vuelta del 84, Eric Caritoux, como uno de sus ilustres productores.

14 de julio de 1995

Siempre hemos pensado que el quinto Tour de Miguel Indurain ha sido el mejor de su ciclo por etapas como Lieja, La Plagne,… y Mende. Aquel día emergió Jalabert, Laurent Jalabert, quien puso a prueba la resistencia de Miguel Indurain y los suyos en una de las jornadas que quedaron grabadas a fuego en nuestra conciencia.

La pizarra del entonces rosáceo equipo de la ONCE echó humo en aquella travesía por los montes de Lorèze llevando a cabo el mejor ataque que jamás sufriría Miguel. Con la sapiencia de que cerca de meta era tarea imposible importunar al titular del maillot jaune, la cosa quedó en mover la carrera desde lejos, tanto que 200 kilómetros se hicieron cortos.

La fuga que hizo temblar los cimientos del Tour la integraron tres ONCE más otros tantos italianos. A Jalabert le secundaba el mejor Melchor Mauri jamás visto en Francia, junto al australiano Neil Stephens. Con ellos Massimo Podenzana, Dario Bottaro y Andrea Peron. Los seis habrían de abrir un hueco más allá de los nueve minutos. En Banesto no daban crédito. Las piernas de los gregarios de Indurain al unísono no enjuagaban el desperfecto. Surgieron entonces varias tesis. A cola del pelotón se fraguaba la ayuda de otros equipos. El manejo de José Miguel Echávarri dio frutos apetecidos para mantener a raya la afrenta de Jalabert, que vestido de verde cruzó la meta en el aeródromo de Mende.

Imagen tomada de www.nacion.com

INFO

Bicis, maillots, candados, complementos,… mira las rebajas de Santa Fixie

Publicidad

Deja un comentario