#BonjourTour etapa 8

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Día de grandes, jornada grande, de esas, insertados en la canícula de julio, que sólo el Tour de Francia nos puede ofrecer. No hace tanto, un cuarto de siglo atrás Miguel Indurain surcó estos parajes en aquella inimitable cabalgada con Claudio Chiapucci para coger un amarillo que no sólo en cinco años. Antes, Bernard Hinault se inmoló en las cuestas de los Pirineos en posesión del maillot jaune y con el Tour a su merced. Fueron jornadas de esas que nos engancharon al ciclismo como el deporte más bello del mundo, de aquellas que, como las del Giro, nos recuerdan que este deporte, aunque se compita sentado, es inigualblemente duro. La pregunta es, como la que se hizo hace un año Jordi Escrihuela ¿habrán tejones, diablos y cía?

Porque si lo que se nos ofrece es un trenecito azul o negro, en homogénea composición cromática y rítmica estampa por las herraduras del lugar, nos estarán pasando gato por liebre. La jornada es 100% Tour, es 100% Pirineos, encadenado dureza por casi 120 kilometros, desde la base del Tourmalet, con cuatro puertos, el mentado “monsieur Tourmalet“, Hourquette d´ Ancizan, Val Louron y Peyresourde, el círculo de la muerte. Lanzar corredores por delante, mover segundos espadas, épica, anticipar golpes,… estrategia en definitiva. Todo eso se debe imponer hoy a la cicatería que a veces prende nuestro ciclismo.

El lugar


Desde Pau no quedan lejos las tierras del Armagnac, la cepa que quitó el sueño de Luis Ocaña y todos sus ahorros. Pau es sin duda una de las ciudades con más historia en el Tour, posiblemente sólo superada por Burdeos y París.

9 de julio de 1905

La segunda edición del Tour, en 1904, había quedado empañada por las irregularidades e intromisiones externas en la carrera. Para evitar tales inferencias la organización toma especiales medias de control que se vienen abajo en la misma salida de París, cuando de repente los corredores se percatan que están corriendo sobre una alfombra de clavos.
Reventones, ruido, incredulidad. El grupo que en un minuto era compacto quedó roto por el azar de los reventones. Algunos no habían ni cubierto cien metros, los auxiliares no daban abasto. Retomada la competición, veinte kilómetros más allá nuevamente clavos en el suelo, en Vitry-le-François. Asqueado Henry Desgrange quiere suspender la carrera en Nancy pero sucumbe a las presiones para que el Tour prosiga su camino.

INFO

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