Bradley McGee y los hijos de la omertá

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Al estruendo le acompaña el eco. La trampa de Lance Armstrong y su penalización han dado lugar a varias cartas abiertas y declaraciones que suceden el desaguisado. Entre otras han destacado la de Greg Lemong y Gianni Bugno, pero la más valiosa por extensión y detalle es la que firma Bradley McGee, el fenomenal ciclista australiano que fue líder de Tour, campeón olímpico y ganador de etapas en la Vuelta.

Como siempre la verdad tiene aristas y la opción de creer o no al firmante es personal y muy cercana a las convicciones propias. El ciclista que dedicó sus años “fértiles” al siempre mediocre cuadro de la Française des Jeux, se despacha con aquéllos que considera ladrones de sus mejores pedaladas. Lo hace en plena vorágine, aupado por la ruptura de esa omertá que le tuvo a recaudo cuando debiera haberlo dicho. Lo siento pero no me vale.

Curiosamente a raíz de la cartita una especie de empatía se demuestra entre el exciclista y David Millar. Digo curiosamente por que el escocés se puede considerar a él mismo uno de esos ladrones que cifra Mc Gee. Recuerda éste, el episodio del Tour del centenario, en el prólogo parisino. Ganó Mc Gee por que Millar sufrió varias averías con la cadena de su bicicleta. La admisión explícita de Millar respecto al merecimiento de McGee en el momento de abordar la jornada dio pie al aussie para pensar que Millar admitía encubiertamente su dopaje. Poco después Dave fue detenido.

Asimilamos la historia y pensamos ¿por qué no le denunciaste entonces? Yo tengo una teoría, absurda o simple, digamos. McGee no denunció por que en el fondo compartía algo con Millar: la omertá. Sin entrar si el australiano ganó aquel prólogo o no chutado, él dice que fue limpio, pero otros muchos también lo dicen, supo en ese momento que si tiraba de la manta se jodía la carrera de Millar y sembraba mierda en la suya propia. Y es en ese punto de egoísmo en el que no comparto ni el momento ni las formas para firmar esta carta.

Yerra McGee hablando del Tour 2005. Ahora con el tiempo habla de cómo andaban los Discovery y la forma de ganar de Vinokourov en París. Ahora, cuando todo está en el aire, cuando el viento sopla a favor. La omertá, una vez más.

Alude a sus cuatro años en Saxo Bank, equipo que apoyó y alineó el año pasado a un ciclista como Alberto Contador que corrió en la más absoluta provisionalidad como el TAS bien se encargó de demostrar. McGee, al volante del coche de equipo, fue coautor de aquella tropelía, en convivencia con un danés llamado Bjiarne Rijs, de pasado muy recurrente últimamente. Es más se evidencia en su discurso un “tono Sky”, “sólo los exdopados son invitados a la mesa”, y él compartió galones con uno de ellos.

“Nunca he tomado o usado drogas para mejorar el rendimiento, pero sé que los ciclistas son y seguirán siendo puestos en duda, por desgracia, con buena razón” afirma. Tiene razón, con actitudes como la suya esa duda persistirá. Y un colofón “El problema no está “allá afuera”, está justo aquí, delante de todos nosotros”. Eso lo llamo yo perogrullo.

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