Bradley Wiggins se puede ir de vacaciones muy tranquilo

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Se cerró el círculo. “Nice job, Brad”. Wiggins ya es tetracampeón olímpico. La fuerza centrífuga le hizo pequeño el velódromo y cuatro años después de ser dos veces campeón en persecución, individual y por equipos, se alza con el cetro del reloj, recogido de manos del rey Fabian Cancellara, venido a menos y magullado, incluso más que Luis León Sánchez, quien ha vivido su revolución tecnológica particular.

Bradley Wiggins, dandy del reloj, extemporánea figura sobre una cabra sin marca, cincelada seguro por los ingenieros de la pista inglesa, ha firmado un año de récord. Ahora sí, Brad, te puedes ir de vacaciones bien tranquilo. Wiggo, en su Londres, aunque por los barrios del sur, ha logrado culminar aquello que el propio Lance Armstrong no pudo si quiera alcanzar. Ganar el Tour y al poco la crono olímpica. Una gesta sin igual.
Recordemos, y nunca olvidemos, que la campaña del mejor ciclista del momento, se inició ya en febrero. Desde entonces rara vez se le ha visto por debajo de los puestos de podio. Eso, para quienes le han crucificado, debe prevalecer. Ganó su primera grande anexionando tres carreras  de una semana como Niza, Romandía y Dauphiné. Un camino enmoquetado hacia el Tour que convertido en obsesión suya, y de su equipo, acabó por primera vez sobre las hechuras de un lord, que no dudó remangarse a favor de Cavendish en el fondo.
Sinceramente el éxito de Wiggo es el de un corredor que, al margen de apolilladas declaraciones contra el dopaje, a mi entender lecciones las justas, ama esta profesión como pocos tejiendo los mimbres de su éxito con la paciencia de quien sabe que si no da hasta cierto límite no ha rallado donde debía. Una victoria de solvencia tal que demuestra que el ciclismo premia a los tenaces y convencidos de su propio destino.
Olvidémonos de si Froome le esperó o no, por ello dará cuentas a la historia, por que ser el mejor durante tanto tiempo y en tan diversos escenarios no responde a la casuística del azar. Es la consecuencia de que el trabajo tiene premio, siempre, si no antes, después y con el ejemplo de un tipo metódico y de fortuna como Bradley, nos levantamos todas las mañanas. Un tipo que ama profundamente el ciclismo. Que no quiso celebrar el oro hasta que Fabian, claramente distanciado, no cruzó la meta. Congrats Brad. 
Si te ha gustado, que espero que sí, algo al menos, dale a alguna de esas pestañas de divertido, interesante,…

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2 COMENTARIOS

  1. Bonito gesto el de Wiggins con Cancellara, de no celebrar su triunfo hasta la llegada del mismo.El podium de los JJOO era "crónica anunciada" solo faltaba por saber la posición, al margen claro, de Bradley Wiggins.Ya es historia del ciclismo.Y lo de Luisle ha sido una continuación de la "mala suerte" que nos acompaña desde el Tour de Francia… sea cual sea, la causa.

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