La anunciada muerte de la Burdeos-París

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En 1891 la bicicleta ganaba potencia en la escena social. El ciclismo era un deporte en pañales, pero ciertas estrellas ya trepaban por los titulares y carreras maratonianas hacían enloquecer por allá donde pasaran. La Burdeos-París fue una de esas competiciones, una carrera trufada de leyendas en su palmarés e historias increíbles en esos 600 kilómetros que separaban dos de las principales ciudades de Francia.

Entre otras ediciones, todos recuerdan aquella que Jacques Anquetil ganó 24 horas después de hacerse con la Dauphiné. Asesorado por su querido Geminiani, Jacques quiso entrar en la historia con algo más que registros increíbles optando a una gesta singular como aquella. Era su forma de ganarse el cariño de una afición que por general siempre quiso más a Poulidor. Aquellos eran días de gloria y laurel para la viejuna carrera, tiempos que no habrían de volver.

#DiaD 1 de junio de 1975

La maratón entre Burdeos y París no pasa por sus mejores momentos. En un ciclismo que crece en otros terrenos, que es popular como nunca en el Tour, que ve grandes duelos al sol por los monumentos, una de las carreras más longevas y prestigiosas emprendía el camino contrario. Sólo diez ciclistas se presentan en la salida de la ciudad del Garona, una cifra indigna para una legendaria prueba que se demuestra anacrónica y lejana a lo que quieren los corredores.

Tras rodar a más de 38 kilómetros a la hora de media, en París ganaba Hermann Van Springel, era una más en su cuenta, una cuenta que habría de llegar a las siete victorias, lo que le situó para siempre como el mejor de la eterna carrera. Van Springel le sacó más de ocho minutos a su compañero Delépine, segundo, mientras que el sexto, y Último clasificado llegó con una hora de retraso tras una penosa travesía en diagonal por el corazón del hexágono. Jacques Goddet lamentaría en L´ Equipe que Van Springel no tuviera adversarios. El legendario organizador del Tour advertía que la carrera iba camino de su muerte, lenta, pero inevitable. Duraría por eso otros doce años, hasta 1987, el ultimo flechazo ciclista entre las dos ciudades.

Foto de Bordeaux-Paris

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