Cada paralímpico encierra una historia excepcional

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Alfonso Cabello se situó cariñosamente en la línea de meta. Calzó su máquina, integró su brazo izquierdo amputado al manillar mediante un acople, y lanzó la marcha. Un momento de respiro y explosión. Marc Pallarés en su twitter me explicaba: una ejecución perfecta tristemente obviada por el gran público. Los sprints de Porto y Villanueva también nos tocaron. Celebramos ver de nuevo triunfar al corpulento madrileño de quien pudimos apreciar su sincera sonrisa días antes de partir hacia Atenas y sus Juegos.

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Así es. Estos días en Londres ruedan y compiten hombres y mujeres excepcionales, cuyo valor humano supera con mucho el de los que se batieron aquí hace un mes, si bien sus audiencias no hacen gala a historias que muchos de nosotros nos levantarían el bello.

En el velódromo londinense la primera medalla de oro de la delegación española llegó con Cabello ante la alegría de Félix García Casas, aquel combativo ciclista de los noventa, con récord del mundo inclusive. Mientras Alejandro Blanco, presidente del COE, tomaba canapés en el palco de Mónaco con motivo de la Supercopa europea, no sabemos si por qué es colchonero, los chicos y chicas de la paralímpica, que realmente dan brillo a los principios del olimpismo, se batían con el nombre de España en el pecho. Y encima les llama “la roja coja”. Menuda panda.

Yo conozco pocas pero bonitas historias de algunos de los ciclistas con mayúsculas que están en la capital británica. Son cuentos de leyenda, de mitos, de personas no normales, que sufren como el común de los mortales, pero que expresan una superación al alcance de pocos.

Juanjo Méndez por ejemplo. Un tipo de sonrisa perenne. Con brazo y pierna amputadas. Compite por doquier. Estuvo en Pekín y le fue bien, por medio gana Copas del Mundo y Mundiales. Considera el ciclismo su bendición. Y lo es. Perdió sus dos extremidades en un accidente y la bicicleta, que ya le tenía atrapado antes, le devolvió a la vida. Apreciado aquí y allí, es una persona que cuando la miras sabes qué ridícula puede resultar cualquier pulla que un servidor le dedique a la vida.

Advenediza, más reciente que Juanjo, Raquel Acinas es otra que encandila con su carácter y sonrisa. Combina su labor sobre una bicicleta con su trabajo en un bufet de abogados. Su poder de persuasión cuando explica las ilusiones que la mueven es un rodillo que te merma la conciencia. Viéndoles uno toma idea de cuán borrosa es la línea que define la capacidad del ser humano. Sí, podemos.

2 COMENTARIOS

  1. Simplemente excepcionales. Viéndolos con sus limitaciones fisicas apretar los dientes, vencer al rival; una se da cuenta que importante es saber superarte y seguir adelante.

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