Carreras de serie B en España: presente complejo, futuro dudoso

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El dopaje, el eterno problema que hace del ciclismo una pastilla efervescente en un mar acuoso, aunque a cámara lenta, es una lacra que vino para quedarse, que creció al tiempo de la técnica, y mejoró como los materiales mismos. No sé si “el dopaje es al ciclismo lo que la tuerca a la rueda” como dijo Pedro J, pero que es un clavo en el camino nadie lo pone en duda.
Cumplidas las sanciones por positivos, son muchos los corredores que se reincorporan a la actividad aunque con normalidad discutible. La Vuelta a Asturias es un ejemplo, la ruptura entre las grandes carreras de siempre y las de perfil más bajo es más obvia que nunca. Hablamos de carreras de serie A en medio de una maraña de otras de calado más modesto. En la ronda asturiana tenemos de líder a un corredor –Stefan Schumarcher- que la lió parda hace tres años, otro desaprensivo, entonces, que no ahora, eso está por ver si volverá a ser, que se equivocó con esa generación encerada de EPO.
Ahora bien si creemos en las segundas oportunidades, en la regeneración del malhechor, en la rectificación de los errores, quizá este purgar eterno de los corredores pillados infraganti debiera tener unos efectos más controlados. Hay muchos de estos que se tienen que buscar la vida en equipos pequeños, de dudosa viabilidad y con un calendario de secundarios. No ocurrió lo mismo con Alexander Vinokourov, a quien ser artífice de un equipo centroasiático le ha valido garanztizarse un retorno con todos los honores. Lo mismo que Ivan Basso o incluso Di Danilo Luca. Una vez más las varas de medir son poliédricas.
Del mismo año que el caso de Schumacher, uno más que escupió sobre el patrocinio del Gerolsteiner, rara forma de promocionar la pureza de sus aguas, tenemos a otros ciclistas como Sella quien en el Giro que ganó Contador encadenaba triunfos  con pasmosa facilidad dejando registros para los anales: subía el puerto final más rápido que los favoritos a pesar de ir escapado toda la jornada. Con todo vemos el tipo de carreras a la que optan esta especie de “apestados”, todas unidas por la modestia de sus medios y en mi opinión incierto futuro.
Y es que en España el calendario ciclista está en tal crisis que todo lo que sean las cuatro perlas en el Pro Tour no se pueden garantizar participaciones como las que apreciábamos hace tan sólo una década, ni hablar de los años 80 y 90 donde rara era la semana que no tenía competición en España. Y lo que me parece más preocupante, salvo Castilla y León, el resto de vueltas sufre esa brecha en términos de cantidad y calidad en el pelotón y de escasez de dinero, mayoritariamente llegado desde arcas públicas que no parecen en la mejor disposición de aportar fluidez. 

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