Cavendish es el peor embajador del ciclismo inglés

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Se presumía que la salida inglesa del Tour sería una  fiesta masiva. La afición propia de la isla por el ciclismo, no sé si al calor de la pista, de la generación de primeros espadas o por evolución natural, se sumó a una preparación y mimo sobre esta salida que han derivado en lo que estamos viendo, que las autoridades y corredores de este Tour duden si hubo dos o tres millones de espectadores por la cuneta sólo en la primera etapa. Cuando la horquilla es tan amplia se puede presumir lo abrumador de las imágenes.

Es obvio que desde hace un tiempo el ciclismo es anglosajón. Perico en su libro dice que este acento inglés en el ciclismo viene de la época de Lance Armstrong, y aunque tiene parte de razón, la explosión ha sido muy pronunciada estos últimos años. Hace diez, ningún inglés optaba a ganar el Tour, ni se atisbaba. El dominio era anglosajón, pero estadounidense, y el matiz resulta diferente. Por ejemplo, es tan fuerte el furor que se mueve en la isla que ahora el Tour plantea un speaker que hable en inglés, ahora que Daniel Mangeas “cuelga el micro”.

Cualquiera que lea la prensa ciclista anglosajona  sabe de la moralina que gasta. Hablan y hablan de dopaje, de dopados, de limpieza, de tramposos, de lo buenos que son sus arrepentidos. Imponen su dogma como ciencia única. Creen que su verdad es la verdad, el resto implica dobles lecturas. Son garantes del nuevo ciclismo, de la pureza y no dudan en hablar de ancestrales exhibiciones producto del doping como las que nos impresionaban en el Tour de hace veinte años.

Pero nada dicen de los modos de una de las figuras que mejor explica el buen momento de este ciclismo. Nada dicen de Mark Cavendish. El dopaje es trampa y adulteración pero las malas artes en un sprint, ser un cerdo, un marrullero, meter la cabeza al rival cuando te sientes superado y provocar una caída que pone los pelos de punta se resume en un simple “caída de Cavendish”.

Lo visto en la primera etapa del Tour nos ha devuelto al ciclista de la peor calaña de este velocista. Será lo pulcro que quiera y pregona en sus relaciones con el dopaje, habremos de creerle, pero en competición no conoce ni a su madre. Simon Gerrans fue el último en padecer su “métier”, veremos quién será el siguiente.

Foto tomada de www.emol.com

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