Chris Froome y la condena de los campeones

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Al ciclismo la factura, la condena que le pesa, dura mucho, demasiado quizá. En este mal anillado cuaderno nunca hemos escondido nuestra opinión cuando lo que teníamos delante era fragrante y dañino para el deporte que nos mueve. En ocasiones si hemos omitido expresarnos con más detalle es porque precisamente desconocíamos eso, el detalle, que como dice un amigo mío “es ahí donde está el diablo”.

En el caso que nos ocupa debemos hablar nada menos que del ganador del Tour de Francia, el vigente, no el de hace diez años. Meses después de acabarla carrera en París, de coronar a los protagonistas, de escenificar el podio, Chris Froome anuncia que en menos de un mes los datos arrojados por una comisión independiente serán públicos. Son datos de rendimiento, habrá un poco de todo, vatios, velocidades y esas cosas que todos se atreven a analizar como si manoseasen tales informaciones desde la tierna infancia.

Ya sabemos lo que va a implicar dicha publicación: especulaciones y más especulaciones. Como dije, la factura está siendo lastimosa, y larga a mi entender. Curiosamente en el momento de mayor transparencia, o al menos en el momento en que los esfuerzos para llegar a ella son más obvios, el escepticismo es mayor que nunca. Paradójico, cuando menos.

Froome va a desnudar su motor ante la opinión pública y rivales en algo que tiene pocos antecedentes en otros deportes. Es como si los ingenieros de la F1 conocieran las tripas de lo que se cuece en el box de al lado, no al detalle, pero sí con los rasgos y concreción que en otras ocasiones ni soñarían conseguir. O si los rivales del Alinghi en la Copa América, supieran qué hacen los suizos para que sus barcos vuelen. No es de recibo este acoso y derribo y menos lo será cuando, una vez publicadas las evidencias, se busque entre líneas para encontrar el argumento que desmonte los resultados.

En el pasado Tour dijimos tras la ascensión a la Pierre de Saint Martin, donde Froome golpeó muy duro a sus rivales, que dudar es de sabios, pero vivir en la paranoia de auténticos necios, creo que seguimos instalados en el segundo plano, al menos en muchos casos. Sobre esa actuación tuvimos desde informes que hablaban de normalidad a una “actuación mutante”.

Esto ya es como la crisis griega, de la que leí que tenían los funcionarios más eficientes y más vividores el mismo día. ¿A quién creer?. Sea como fuere la crónica de los resultados que presente  Froome ya tiene titular a falta de los detalles en muchos medios y estos creerán estar haciéndole un favor al deporte cuando en el fondo se están construyendo la realidad que les conviene.

Aunque muchas veces lo olvidemos, los campeones son personas, que sienten, padecen y van a la lavabo como cualquiera de nosotros. Que te arrojen un tarro de orina a la cara es el mejor ejemplo de que se pasaron ciertas líneas hace tiempo y que, por mucho que te expliques, que pases informes, que contrates comisiones, más de uno ya tiene tu matrícula tomada y la sentencia decidida.

Ahora bien, si jugamos lo hacemos todos o si no “la puta al río”. Quememos en plaza pública a Benzema por sus quehaceres no futbolísticos o carguémonos la tradición atlética rusa porque la porquería que emerge es infumable. Como todo es cuestionable, todo a la mierda.

Imagen tomada de www.ibtimes.co.uk

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La bicicleta en destino con Nacex 

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