Ciclismo de cine (I)

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Hace casi 10 años tuve la suerte de pasar unos fantásticos días en Sevilla, la ciudad que tiene un color especial. Fue un dorado otoño que recuerdo con nostalgia. Invitado por unos amigos sevillanos, pude disfrutar de mi estancia paseando por su monumental casco histórico, visitando la Giralda, la Torre del Oro o el bello Parque de María Luisa. Sin embargo, el motivo principal de aquella escapada fue el que mis amigos, tan aficionados como yo al ciclismo y al cine, me animaban a visitarlos y acompañarlos al tercer certamen del Festival de Sevilla dedicado al Cine y Deporte que se celebraba del 2 al 8 de noviembre. No me lo pensé dos veces y me planté en casa de Loli y Jesús.

Fueron días intensos en los cuales los tres íbamos a disfrutar de nuestra afición favorita combinada con otra de nuestras grandes pasiones: el cine. En efecto, el Festival dedicaba una sección exclusiva al mundo de la bicicleta, nada menos que 17 películas en que el mundo del ciclismo era el gran protagonista llevado a la gran pantalla. De todas ellas, no había visto ni una, vamos, que nunca había visto una película en que la bici fuera la estrella principal. Y tenía mucha curiosidad en verlas. ¿Cómo serían? ¿Qué historias nos explicarían? Ya os avanzo que fue una experiencia extraordinaria y aún guardo en mis retinas los primeros visionados de películas que me sedujeron desde el primer momento y que, por supuesto, luego he vuelto a ver una y otra vez. No en vano, dentro de los telefilmes, destacaban trabajos de directores de prestigio como Ridley Scott, Peter Yates o Stephen Frears.

Ya el primer día nos dirigimos emocionados a los Cines Nervión de la Plaza de Sevilla, donde desde hace dos años triunfaba con gran éxito de público (más de 12 mil espectadores) este Festival con la proyección de más de 100 películas. Dentro de un gran ambiente, con mucha gente, y con el mismísimo Stephen Frears fotografiándose con los aficionados al Séptimo Arte, iniciamos lo que sería nuestra sesión continua de cine y ciclismo con la visión obligada de la primera cinta: “La bici de Ghislain Lambert”, una coproducción franco-belga dirigida por Philippe Harel en el año 2001 y protagonizada por Benoît Poelvoorde, que bordó un papel inolvidable. Y claro, nos encantó.

Tocaba todos los temas de nuestro deporte preferido: la épica, el dopaje (tratado de una manera muy humorística), la historia, la comedia, el drama, el líder y el gregario. Película muy recomendable, con una excelente fotografía mostrándonos varias etapas por los Alpes, me sorprendió saber después que el protagonista, Benoît, que ya con su cara pagaba, sólo entrenó unos mil kilómetros antes del rodaje para meterse de lleno en un pelotón de profesionales. Todo hay que decir que aguantó muy bien el tipo. En resumen, la peli narra el retrato de un ciclista belga de segunda fila de los años 70, coetáneo del gran Merckx y con una fidelidad de caracterizaciones muy buena, con bicis, maillots y coches de la época que harían las delicias de los amantes del ciclismo retro, tan de moda hoy en día.

A continuación pudimos disfrutar de la proyección de otro gran éxito reciente de aquel mismo año: la francesa “Bienvenidos a Belleville” (“Les Triplettes de Belleville”), una película de dibujos animados en color, dirigida por Sylvain Chomet, que nos cautivó durante sus 78 minutos de largometraje para explicarnos las aventuras de Champion, un niño adoptado por su abuela Madame Souza que sólo era feliz cuando montaba en bici. Por este motivo, su abuela decidió someterlo a un riguroso entrenamiento que hizo que con los años Champion fuera un claro merecedor de su apodo y preparado para participar en la carrera ciclista más famosa del mundo, el Tour de Francia. Sin embargo, durante la competición, dos misteriosos hombres de negro lo secuestran. Pero su abuela y su perro Bruno no se iban a quedar de brazos cruzados y se proponen rescatarlo. Una película deliciosa.

 

… continuará

Por Jordi Escrihuela (Ziklo)

 

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