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En Francia se habían acabado los monumentos… ciclistas

Monumento Arnaud Demare JoanSeguidor

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En Francia se habían acabado los monumentos… ciclistas

En Francia se habían acabado los monumentos… ciclistas

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Thibaut Pinot sumó un monumento al exiguo palmarés francés

Al menos durante estos últimos 25 años en los que en Francia prácticamente no se ha levantado ningún monumento del ciclismo.

Así es, los ciclistas franceses lo han tenido muy difícil, por no decir imposible.

No es sencillo alzar los brazos en estas las cinco grandes clásicas del calendario, carreras que dan un prestigio y distinción especial para el que las consigue.

Pero como en toda norma, en esta negativa dinámica del ciclismo francés que se remonta desde los años 90, encontramos siempre una excepción.

Esta no es otra que la solitaria victoria de Arnaud Démare en la Milán-San Remo de 2016. Un oasis en un desierto.

Para encontrar algo parecido nos hemos de transportar en el tiempo hasta nada menos que 1997 para distinguir a un ganador francés en lo más alto del pódium de un monumento.

Hablamos, naturalmente, de Laurent Jalabert que se alzó con la gloria en el Giro di Lombardía de aquel año.

Cambrils oct.2018

Fue un final de temporada en el que los aficionados franceses han tenido que esperar 21 años que se repitiera, para ver de nuevo a un compatriota suyo salir vencedor ya no sólo de una prestigiosa prueba como la de las hojas muertas, sino también de un monumento.

Estamos hablando, por supuesto, de la enorme recompensa de Thibaud Pinot en Il Lombardía del pasado fin de semana, que ha hecho reverdecer los laureles del ciclismo hexagonal, precisamente en una carrera donde predominan las hojuelas marrones secas.

Thibaut Pinot - Il Lombardia

Este hecho ha sido el que ha propiciado que, por curiosidad, mirásemos hacia atrás en el tiempo para encontrar una conquista final de un corredor francés en un Monumento.

Hemos tenido que rebobinar bastantes temporadas, salvando la de Démare en San Remo, para ver que durante todos estos años, que nos han llevado desde Jaja hasta Pinot, han sido para el ciclismo francés una gran y desolada travesía.

Esto si hablamos de la gran clásica de primavera que, por cierto, el penúltimo logro francés fue también para el de Mazamet en la temporada 1995.

Porque si miramos con detenimiento el comportamiento de los ciclistas galos en el resto de monumentos, nos tenemos que remontar hasta los años 92 y 93 para disfrutar de las grandes cabalgadas del inolvidable Gilbert Duclos-Lassalle, un ciclista que estaba hecho para pedalear sobre el adoquín como demostró con sus sendas victorias en la París-Roubaix de aquellas dos consecutivas temporadas.

Monumentos de primavera

Un año antes, en 1991, otro francés consiguió vencer en el Infierno del Norte.

Nos estamos refiriendo a Marc Madiot y desde aquellos resultados hasta hoy en día, nada, el vacío, ningún apellido del otro lado de los Pirineos ha conseguido inscribir su nombre en la recta final del velódromo de Roubaix.

La bicicleta en destino con Nacex

Buscando un poco más allá y enfocando nuestro objetivo ahora en el Tour de Flandes, podremos comprobar que este desierto se remonta hasta nada menos que 1992 con el prestigio que se ganó Jacky Durand en la Ronde.

La cosa se complica bastante más a la hora de buscar un triunfo francés en este caso en la Liège-Bastogne-Liège.

Nos tenemos que trasladar hasta la década de los 70, en una época que marcó “el Tejón” con un dominio casi tiránico del ciclismo internacional, para encontrar una victoria francesa en “La Decana”.

Nada menos que 1977 y 1980, son los años en los que Bernard Hinault consiguió grabar su nombre a fuego en la gran clásica valona. Ya ha llovido.

Por todos estos motivos, la honra de Pinot en Il Lombardía ha sido considerada por toda la afición y prensa francesa como de excepcional, que han vuelto a vibrar con uno de los suyos y han alabado el formidable comportamiento de su corredor en el quinto y último monumento de la temporada.

Son muchos los franceses que, ante esta formidable victoria, hablan ya de un ciclismo francés completamente desacomplejado, poco habituado a este tipo de escenarios desde hace mucho tiempo.

Este triunfo les autoriza a esperar que este éxito se repita muy pronto porque además es cierto que, visto el número de talentos de los que dispone el ciclismo francés, tarde o temprano tendrán que llegar los resultados y que no serán fruto del azar.

Esto no lo decimos nosotros, lo dice un experto en performance como Frédéric Grappe, entrenador de la FDJ que dice, textualmente: “los grandes premios llegarán porque reflejarán el potencial de nuestros atletas cuando eclosionen las grandes figuras favorecidas por la eficaz lucha antidopaje, añadida a una evolución de mentalidad ganadora”.

De sus palabras se desprende que piensa, como la mayoría de franceses, que los negros años del dopaje han expoliado grandes victorias a sus corredores nacionales más íntegros.

¿Vosotros qué pensáis?

¿Estamos ante la típica boutade dicha por un francés?

¿Se trata de una fantasmada exclamada en el éxtasis de la gloria?

¿O quizás estamos ante el renacimiento de una época que marcará un antes y un después en el ciclismo galo?

Por Jordi Escrihuela

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