El ciclismo pierde sin Ángel Vicioso

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Hace dos años dábamos cuenta de la retirada de Pablo Lastras, el Penkas, uno de los corredores sobre los que siempre he obtenido unanimidad: caía bien a todo el mundo. Estos días otro ciclista de largo radio, Ángel Vicioso, ha dicho adiós al ciclismo.

Cuando corredores se despiden del deporte que ha llenado miles de horas de su vida, el ciclismo pierde capital pero sobre todo valor, un valor que se explica por hechos, no quizá por un palmarés, que también, y sí por el ciclismo que representan y la esencia que han tenido hasta los últimos días.

Ángel Vicioso iba camino, atención, de los veinte años de profesionalismo, no se ha quedado lejos, a un par tan solo. Entró en profesionales el año 1999, en el Kelme del Escartín y Heras, un Heras que por aquel entonces era un chaval, una estrella incipiente y no había ganado aún su primera Vuelta. Bien, por esas fechas Vicioso ya era pro.

En sus primeros años el aragonés fue un ciclista que coqueteaba con la victoria, se le veía rápido, no quizá al nivel de los más, pero sí con opciones en pequeños grupos y clásicas, recuerdo verle delante en toda una Amstel, ha llovido, pero no es precisamente sencillo estar ahí.

Al contrario de muchos, Vicioso pudo salir a flote de esa quimioterapia que fue la Operación Puerto, pasó por las huestes de Gianni Savio, donde logró ganar una etapa en el Giro y entró en el Katusha de la mano de Purito. Ver un corredor perjudicado por la OP de nuevo en el WT, eso lo han contado muy pocos, ahora mismo creo que el recordado Michele Scaporni, Vicioso y poco más.

Y en Katusha surgió el corredor con el que nos quedamos, por ser el que más cercano está en nuestra retina.

Ese corredor se corresponde con uno de los más valiosos del pelotón. Vicioso fue el lugarteniente fiel y fiable de una de las estrellas del pelotón y eso implica muchas cosas: humildad, tenacidad, visión, estrategia y sobre todo influencia.

Vicioso es de esos ciclistas como Benatti, Ventoso o Erviti, corredores que tienen un potencial tremendo pero que saben ponerlo en favor de otros. Son ciclistas que calman males de cabeza, templan nervios y guardan las fuerzas de sus jefes, para que estos estén en perfecto estado de revista en el momento de clave.

Este ciclismo superprofesionalizado es menos ciclismo sin gente como Vicioso, porque se ha convertido en una calculadora fría e impasible de sumar y sumar puntos donde todo puede ir en un puesto que a veces puede decantar un contrato mejor o peor.

Con cuarenta años, lo deja el “maño”, cuatro décadas y mucho más de la mitad vertidas al ciclismo. Menudo lujo.

Imagen tomada de FB de Team Katusha

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