Ciclismo + turismo

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Hace unos cuantos años, y como decía un buen amigo mío, cuando me ponía el culote no conocía ni a mi padre. Ya sabéis todos lo que esto significa: salidas a cuchillo con las pulsaciones desbocadas, llevando las fuerzas al límite. De tan ciegos que íbamos no reparábamos en el paisaje, ni en los pueblos, ni en sus gentes. No veíamos nada. El objetivo era ir lo más rápido y lejos posible. Hoy en día mi visión del ciclismo ha cambiado, gracias en buena parte a esta revista que me ha dado la posibilidad de ver el mundo de la bici con otros ojos… ojos de ZIKLO.

¿Te atreves?

Con esta pregunta, de respuesta afirmativa, se abría ante mí la posibilidad de estar ante ellos, mis ídolos, ciclistas a los que había seguido desde joven o, como en el caso de otros, estos últimos años. Sin embargo, se trataba de cambiar la visión “profesional” del ciclismo en el entrevistado por una faceta más cicloturista, más cercana a todos nosotros, los aficionados que disfrutamos de la bici todos los fines de semana. Por eso la palabra “competición” era tabú y estaba casi prohibido hablar de carreras con ellos. Había que encontrar ese lado “no competitivo” de la bici en el personaje. Y creo que muchas veces lo conseguimos.

Puertos, puertos, puertos…

¡Ay los puertos…! Qué sería de nosotros sin ellos, sin nuestras preciadas cumbres, donde tan bien lo pasamos, sufriendo un buen rato, casi siempre por encima de los mil metros, aunque otros más bajitos, también nos den grandes “satisfacciones”. Los ojos de ZIKLO me han dado la oportunidad de ver las montañas de otra manera, y así he cogido mi bici, mi cámara de fotos, mi grabadora y mi GPS y me he ido a la caza de puertos terribles, para poder experimentar sensaciones de primera mano y luego poder explicároslo.

Otras veces no he dudado en echar la bici al coche, sin escatimar esfuerzos, para dirigirme a los Pirineos y narraros mi experiencia en mi “primer Tourmalet”, o a los Alpes, para ascender el mítico Alpe d’Huez y contaros cómo me fue sorteando los “21 lacitos”, o incluso desplazarme hasta Italia para escalar las Tres Cimas de Lavaredo, en un viaje en “el límite de lo irreal y fantástico”.

He tenido la suerte de haberos presentado muchos de mis puertos preferidos, empezando por los de mi tierra, Catalunya, y por su buque insignia: el Turó de l’Home. Una maravillosa tarde de un mes de mayo, y junto a Claudio Montefusco, ascendimos el coloso, mano a mano, y os trajimos a estas páginas nuestras vivencias en un puerto que está “tan cerca, pero tan lejos”. O mi querida Montserrat, la cima que habré subido más veces en mi vida y la que más me ha dado. Ni recuerdo cuántas han sido, muchas… Os expliqué todo lo que significa este “sueño hecho montaña” para el cicloturista catalán, y asistimos a una mítica cita, la Diada Montserratina, para finalizar una temporada.

Pero… ¿qué hay detrás de estos artículos? (“¿Cómo se rodaron?”). Además de contar con unos fotógrafos de excepción como Pau y Sergi, a los cuales he tenido la suerte de poder conocer, pero aún más privilegiado por haberlos podido acompañar a retratar numerosos puertos, la mayoría duros, pero sobre todo bellos, hay muchas horas de sueño, de madrugones, intentando atrapar las primeras luces del día, como cuando fuimos a Portbou, un gélido 4 de enero, para pedalear hasta Prades pasando por puertos, ya bien nevados, como Xatard y la Palomère, dando cobertura a un reportaje de la primera etapa de la Pirenaica. Recuerdo que pasamos mucho frío, sobre todo saliendo de la costa, quizás más que en alta montaña y es que, sin duda, aquella mañana había inversión térmica.

Pero todo tiene su recompensa, y hemos podido disfrutar de la salida del sol sobre el mar ascendiendo, casi de noche, el durísimo Rat Penat en el Garraf, donde vivimos auténticas “historias de terror”, o notar el calor de los primeros rayos, pasando por la extraordinaria visión del alba en el Santuario de Bellmunt, en una jornada primaveral y en un entorno que nos inspiró una “historia medieval”.

No siempre hemos tenido suerte, a la hora de cazar buenas fotos, en nuestros madrugones, y hace poco nos quedamos con las ganas en el Turó de l’Home, ya que una espesa niebla nos ocultaba la espléndida vista. Tampoco creáis que buscando todos los colores de una estación, como pueda ser el caso del otoño, los hemos encontrado siempre a la primera, y así, hasta en cuatro ocasiones tuvimos que visitar el Montseny, hasta que por fin un día dijimos: “ahora sí, ya está preparado”.

Pero no todo es madrugar y a veces hemos ido a buscar todo lo contrario, los colores de la puesta de sol, el ocaso, como en Mare de Déu del Mont. Estar en su cima, una tarde-noche de verano del mes junio, contemplando como el astro rey se escondía detrás del imponente Canigó, no tiene precio. No es de extrañar que esta montaña fuera la “inspiración del poeta”.

Otras, hemos apurado tanto, que se nos ha hecho de noche en la carretera. Recuerdo descender con nuestras bicicletas desde Prades completamente a oscuras. Experiencias alucinantes las que hemos vivido, buscando siempre esa visión tan particular que nos hace, además de ver, sentir y pensar en ZIKLO.

De marcha

Dos coches parados frente a un semáforo. 6 de la mañana de un domingo cualquiera. ¿Qué es lo que diferencia a los ocupantes de los dos vehículos? Además de las bicis que lleva encima uno de ellos, parece que algunos son más jóvenes que otros, y unos tienen más sueño que los de al lado. Está claro que unos vienen de “marcha” y otros van (nos vamos) de marcha… cicloturista. Es la gran diferencia. En las marchas disfrutamos poniéndonos a prueba… ¿contra otros colegas o contra nosotros mismos?

Los ojos de ZIKLO me han dado la oportunidad de disfrutar de ellas de otra manera, muy diferente a como lo hacía antes. Recuerdo pedalear durante más de 10 horas por las bellas tierras del Pirineo franco-navarro junto a Francis, subiendo y bajando un montón de puertos, muy duros, muy bellos, como Errozate o Larrau, en una jornada memorable, a cola de pelotón, lentos pero seguros.

Tampoco la Quebrantahuesos se ha librado de mi nueva visión ZIKLO. El año en la que era mi 10ª participación, llevaba mis sentidos más abiertos que nunca, para percibir todo lo que desprendía ese último kilómetro mágico del Portalet. Aún sigo buscando a la chica que me acompañó durante aquellos maravillosos mil metros, pero no la encuentro. La he buscado en videos, y hasta en youtube, pero nada. Espero volverla a ver el año que viene.

Mi gente

Quizás una de las aportaciones más gratificantes que me ha dado colaborar con ZIKLO, y siempre con estos nuevos ojos de nuestro pequeño y gran mundo del cicloturismo tan particular: el haber conocido a través de entrevistas de todo tipo a más de 40 personajes, hombres y mujeres, de todas las edades, desde “jóvenes” jubilados que “triunfan” sobre las dos ruedas a una avanzada edad, como el turolense Cesáreo Dolz o el catalán Jordi Camps, o las veteranas y guapísimas Catalina Aleix, valenciana y recordwoman de participaciones en la QH, y la también catalana Antonia Espinal, mujer emprendedora donde las haya y precursora de la Volta al Cor de Catalunya que, en 2009, pasaba el relevo a los chicos de Terra Diversions.

Y es que por estas líneas han pasado gente de la talla del oscense Luís García Landa, uno de los padres de la Quebrantahuesos que nos explicaba los duros inicios de sus primeras ediciones, el madrileño Ricardo Landaburu “Buru”, un “activista” de los puertos de montaña, a los que se dedica a dar nombre “en madera y al viento”, en una de las actividades más altruistas que hayamos visto, pasando por Fernando Spiluttini, primer argentino en finalizar la París-Brest-París, el catalán Frederic Ràfols, el hombre de los “mil puertos”, el donostiarra José Luís García, otro recordman con sus 24 horas encima de la bici, o sus 1000 km y sus 1000 millas, non stop.

Gente maravillosa, personajes extraordinarios todos ellos, con los que he tenido el placer de charlar con ellos.

Os dimos también buena cuenta del barcelonés Carlos Barreiro, monologuista, cantante y gran cicloturista que se hizo famoso con Buenafuente, del vitoriano Óscar Díaz, Dandy, y de su grupo “nadie entrena”, pasando por el jovencísimo catalán de 16 años Jordi Vallés, toda una promesa en ciernes, o una bonita historia de amor a pedales de la mano de la guipuzcoana Miren Igartua y el zaragozano Santi Jiménez, una relación que va sobre ruedas. Gente que tiene muchas cosas que contar, con una historia detrás, muchas de ellas conmovedoras, de esfuerzo, superación y motivación, como en el caso del tolosarra Edorta Andueza, montañero que cuando atacaba su primer ochomil padeció congelaciones en los dedos de los pies, algo que no le ha impedido seguir pedaleando, o la burgalesa, y catalana de adopción, Merche López, que sufrió un terrible derrame cerebral, que supo vencer y seguir adelante disfrutando de su deporte favorito.

Todas ellas historias muy emotivas, como también la del medinense Rafa Sánchez “Panadero” que, con sus 160 kg de peso y sus 3 paquetes de tabaco al día, los médicos no le daban más de dos años de vida, pero como muchos otros encontró en la bici la solución a todos sus problemas, o el catalán Joan García Ayllón que un gravísimo atropello le dejó postrado en una silla de ruedas, pero siguió adelante con su proyecto de medir puertos y editarlos, o el peruano Israel Hilario, el ciclista incabiónico, que con su pierna ortopédica es capaz de parar el reloj en la Quebrantahuesos en poco más de 8 horas, y ya más recientemente, el vitoriano Paco González que superó también una grave lesión en su pierna y sigue dando caña por ahí, o la guapa malagueña Remedios Jurado, la Dama del Portalet, que acabó la QH después de haberse recuperado de un desvanecimiento entrenando dos meses antes. Ya os digo, gente anónima, gente importante, gente interesante… y espero poder seguir contándoos muchas más historias cercanas.

Sociedades ciclistas

Los hay que son agrupación, otros asociación, peña o sociedad, ya sea ciclista o cicloturista. También se conocen como club deportivo o unión ciclista, o cicloturista, incluso sport ciclista. Diferentes términos para referirse al mismo motivo asociacionista: son los Clubes. Para todos los gustos y de todos los colores, de todos los rincones de la geografía, los que pedalean por esas carreteras de Dios todos los sábados y domingos, algunos siguiendo un calendario “pro” de febrero a octubre. Otros, algo más cicloturista, de marzo a noviembre, y los hay que no paran en todo el año, haga frío o calor, aunque todo hay que decirlo, algunos paran no sólo en invierno, sino también en verano, cuando muchos de sus integrantes marchan a sus segundas residencias. Los hay que no siguen ningún tipo de programación establecido, simplemente quedan y salen.

Los hay centenarios, o casi, entidades con 100, 75, 50 ó 25 años dando pedales, hasta los más jovencitos con pocos kilómetros en sus piernas. Hasta de pocos meses os hemos presentado aquí. Sociedades grandes, con muchísimos socios, otras con menos, y algunas casi familiares, pero muchas, organizadoras de grandes marchas, algunas mediáticas, otras no tanto, para deleite de los que amamos esto que llamamos excursionismo en bici, o sea cicloturismo, enseñándonos las carreteras por dónde ellos se mueven, sus puertos, sus pueblos, sus rincones escondidos.

Algunas, bastantes, trabajando desde la base con los niños y jóvenes en sus diferentes escuelas, para que el ciclismo siga siendo lo que es o, si puede ser, aún mejor. ¿Cuántos grandes campeones han salido de estas modestas canteras? Muchos, sin duda. Por eso también las hay que montan sus carreras amateurs, juveniles o másters, aunque ya sabéis que la visión de ZIKLO es procurar huir siempre de la competición. Es nuestra filosofía.

He tenido la oportunidad de conocer más de 50 clubes que nos han enseñado a todos cómo se lo montan… encima de la bici. Hemos visitado la Mancha, la Noguera, el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, el Valle de Ultzama, la Costa Dorada, la Serra Calderona, el Garraf, la Cerdanya, la Sierra de Urbión, las Sierras de Moratalla, el Maestrazgo, la Garrotxa, Picos de Europa, Burgos, pasando por Menorca, Andorra o las Canarias.

¿Qué sería del ciclismo sin los clubes cicloturistas? Nada, absolutamente nada. Ellos son la base, el motor, sus integrantes son los que compran las bicicletas, la ropa, el material. También los que se acercan a las cunetas a ver a los ídolos y los que inundan las carreteras todos los fines de semana formando innumerables serpientes multicolor.

Siempre hemos procurado ir a la búsqueda de tierras poco conocidas para el cicloturista, y con nuestros ojos de ZIKLO, enseñaros zonas amables para la práctica de nuestro deporte favorito, a veces acompañados por ellos mismos, por los integrantes de los clubes que nos han hecho de cicerones llevándonos por carreteras ideales para pedalear. Pero sin duda, y como dijo hace un tiempo otro buen colega mío, lo mejor de un club es la gente que hay detrás, su enorme capital humano.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de Instagram de Ziklo

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