El ciclismo sí que vende

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A este Tour sólo le faltaba pasar por Londres para acabar de darle forma a un inicio realmente único. A pesar de los muchos peros que se le han encontrado a este arranque británico, a pesar de los peligros latentes entre el mucho público, a pesar del desconocimiento de gran parte del mismo sobre la marcha real de una carrera, lo cierto es que el Tour puede vanagloriarse de una salida para los tiempos. De la “Salida” con mayúsculas.

Ya lo saben, cuando la carrera sufra una crisis de autoestima que dé el salto a las islas y cierre varias etapas, verá entonces que el ciclismo, a pesar de todo, tiene futuro. Cuando en 2007 el Tour salió de Londres, este deporte estaba en la picota más absoluta. Con una edición, anterior, la de 2006, rearbritada en la que se le quitó el triunfo a Landis por Pereiro,  y otra en ciernes que acabó con Rasmussen expulsado y el éxito en manos de Contador. Con esos mimbres, con ese mar de fondo, aquella salida ya fue inolvidable.

Todo ocurrió en Londres, un siete de julio, por la tarde, con peligrosa llovizna, nueve años después de que unos venados sembraran de bombas su vetusto metro. Todo ocurrió en un lugar marcado a sangre por la velocidad de Vinokourov cuando aprovechando una ingenuidad de Rigoberto Uran se colgó el oro olímpico que culminó su carrera para bochorno de estos tan inmaculados ingleses que hablaban de sus Juegos Olímpicos como el paradigma del deporte blanco y simple. Vinokourov es estos días nombre usual en las crónicas del Tour por su carta de reproche a Nibali, ante su escaso rendimiento en la primavera. Ya saben, Astana será lo moderno que sea con ese azul cielo que emerge del arco iris de colores del pelotón, pero los resultados son los resultados, y la raíz soviética de sus gestores en ocasiones les juega malas pasadas.

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En el escenario olímpico triunfó Marcel Kittel, un ciclista que a pesar de haber ganador tantas etapas, incluso en el Tour, parece siempre en cuestión y eso que hoy Peter Sagan ni siquiera osó a ponerse en paralelo. El tablao estaba montado para Mark Cavendish, pero lo que la justicia deportiva no quiere hacer, dejarle una temporada fuera de las carreras a ver si deja de ser un temerario en los sprints, lo hizo el azar de la carretera cuando con su caída en la primera etapa –enfrente de su pub- se dislocó el hombro y dejó el Tour a las primeras de cambio. Triste que tenga que ser una soberana hostia la que ponga las cosas en su sitio. Pero que no le engañen las apariencias, con este Kittel, posiblemente ni Cav hubiera podido.

Y ya que nos ponemos olímpicos, recordemos la última llegada olímpica que tuvo el Tour. Fue hace cinco años, en Barcelona, en una pestosa y lluviosa tarde de julio. Ganó Thor Hushovd, elegante y fuerte. Lo hizo frente a la puerta del maratón del Estadio de Montjuïc. Barcelona hace tiempo anunció una “grande départ” que no se ha producido. Esperemos que alguien del consistorio haya visto la etapa de Londres. El ciclismo vende, que no lo duden.

#fact Lucien es el nombre más repetido entre los ganadores del Tour, ha habido hasta cuatro: Lucien Petit-Breton, Lucien Buysse, Lucien Aimar y Lucien Van Impe, aquel dubitativo escalador belga espoleado por Guimard.

#àdemain El Tour llega a su país de origen con una jornada que se prevé relajada por las rutas que marcan el límite entre Bélgica y Francia. La llegada a Lille, cerquita de Roubaix, le dará el sabor adoquinado que marca este inicio de carrera.

Imagen del Twitter de Xavi García Luque

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