El ciclista fue el último en llegar

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Hace dos semanas, mi amigo David me escribió para narrar una experiencia personal. Mientras él respetaba los semáforos en rojo de una calle de Alcalá de Henares, un grupo de ciclistas se lo saltaba de forma progresiva y sin pestañear ante su mirada, y ante la de algún conductor inquisidor esperando a ver un ciclista incumpliendo el reglamento para decir que TODOS son unos sinvergüenzas.

El post de David fue un tiro, la verdad. Funcionó a las mil maravillas y generó debate, hasta varios días después. Su experiencia era el espejo de muchos ciclistas que afanados por hacer las cosas bien, dudan en llamar la atención a los compañeros que incumplen las reglas. ¿Qué hacer? se preguntaba. Te puedes llevar un buen calentón y broncazo por decir lo que piensas, ni más ni menos. Así de triste.

Aunque hubo una importante porción de lectores que le dieron la razón, también hubo quien se la quitó. Se agarraban a que otros también lo hacen mal. Lo siento, pero no me parece un buen argumento. Mal de muchos,… no es de recibo esperar que otros lo hagan bien. En el frágil ecosistema de nuestras ciudades, la convivencia no es sencilla, ni mucho menos, por una razón a la vista de todos: no hay sitio para todos los actores de la vía pública y en esto, recordadlo, los ciclistas somos los últimos en llegar.

Primero los peatones, luego los coches y finalmente los ciclistas. Luego están otras servidumbres, motos, reparto y enseres urbanos que también quitan sitio -por cierto hablando de sitio, incentivar la bici significaría que habría más espacios para aparcar vehículos-. La bici era un boom hace cien años, pero el motor la desplazó. Ahora parece ocurrir algo a la inversa.

Dicho todo esto, si decimos que la bicicleta relaja y te mantiene en forma, quizá cabría tomarnos las cosas con más calma, y tener menos mala leche sobre la flaca. Escudarnos en que otros lo hacen mal no es la solución, ni tampoco admitir de mala gana el consejo de un colega u otro actor de la vía, porque las cosas dichas con educación nunca deberían molestar.

Y sí, ya sabemos que otros lo hacen mal, y a veces de forma impune, pero no cabe otra que mirar adelante y saber que cuando montamos nuestra bici hablamos por todo el colectivo, en un mundo donde generalizar es la norma, quizá en la suma de actitudes individuales sea la única solución…

Imagen tomada de www.diariodeleon.es

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