El ciclista urbano más célebre de la historia

0
4
vistas

En el Campo de Marte de París el paisaje es líneal, simétrico. A nuestras espaldas los cuatro pilares de la Torre Eiffel, sustentando el arco que enmarca las barandillas del Sena y la escalonada mole de Trocadero. Al otro lado la vista, es horizontal, la Academia Militar, hasta que nuestra vista topa con un bastión vertical, negro y desafiante. “C´est la Tour Montparnasse”, una aberración para el parisino de a pie, tan celoso de su sky line, siempre horizontal, con sus mansardas y arbotantes góticos caprichosamente sembrados por el callejero. Los rascacielos a la Defensa.

A la sombra de la torre de Montparnasse, en el enredo de calles que la circunda, tenía un pequeño taller de restauración Jean Robic, otrora el ciclista más célebre de Francia, y durante muchos años ciudadano ilustre y cotidiano de París.

Robic fue de todo en su vida posterior al ciclismo. Como cuentan en “Cumbres de Leyenda” tuvo un bar, una empresa de mudanzas, repartidor de diarios e incluso fue árbitro de lucha americana. Hizo de todo, vio de todo, porque su mente estaba muy por delante de los tiempos, los cincuenta, los sesenta, tiempos en los que había que amarrar y conservar lo logrado.

Robic no, Robic trepó por la suerte de esos tiempos y se entregó a ella. Y lo hizo siempre en bicicleta, ni un taxi, ni un autobús, mucho menos el suburbano, el metro. Robic siempre iba en bici y se le distinguía. Su endeble físico, su cara risueña, su luz. “Ese es Robic” oída a su paso, y le encantaba.

Iba en bici a todos los lados, en una ciudad que vivía la motorización a doble velocidad, al declive de la bicicleta en los años que el coche le tomó la plaza en el puzzle de las familias francesas, se añadía la potentísima industria francesa del motor, que declaraba infeliz la vida de todo aquel que no fuera a los sitios sobre cuatro ruedas.

Robic convivió con ese boom, lo vio a lomos de su flaca con calapiés Lapize. Robic iba y venía, hacía surplaces en los semáforos, cosa que consideramos el sumum de cualquier ciclista urbano que se precie y haga equilibrios sobre una filie.

Como ciclista le llamaron muchas cosas, “Trompe-mort, porque burló la muerte varias veces, también lo hizo en las atestadas calles parisinas, esquivando coches, conviviendo con una sociedad que veía de pobres ir en bicicleta por la urbe, un auténtico atraso.

Pero Robic estaba de vuelta, tenía “el culo pelado”. Su vida ciclista le curó de espantos, ganó el primer Tour tras la Segunda Guerra Mundial y fue el último en desistir de la rueda de Fausto Coppi en los virajes de Alpe d´Huez. Su relación de lesiones fue increíble: fracturas de nariz, omoplato, cráneo, mano, fémur,… sumadas a ceja hundida y otro traumatismo craneal. Esos golpes le obligaron a ser recordado como “tête de cuide”, cabeza de cuero, por la endeble chichonera que siempre llevaba compitiendo para evitar que la próxima caída acabara con él. Curiosamente falleció en accidente de coche.

Imagen tomada de alchetron.com

INFO

Fixies y todo lo necesario para ponerlas guapas

Deja un comentario