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¿Por qué los colombianos son tan malos contra el reloj?

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Opinión ciclista

¿Por qué los colombianos son tan malos contra el reloj?

Tiempo de lectura:2 Minutos

Los ciclistas colombianos han tenido en las cronos su peor enemigo



Se ha dicho siempre que los colombianos, tan pequeños, tan livianos, tienen todas las de perder con el cronómetro.

Esa morfología que era una ventaja inexcusable ante las cumbres de los Alpes o el Pirineo se convertía en lastre cuando llegaban aquellas jornadas terribles de cuarenta o cincuenta kilómetros llanos donde estos pequeños corredores debían agonizar solitarios rompiendo el aire y dejándose minutadas sobre el asfalto, minutadas que siempre esfumaban sus opciones de ganar cualquier carrera de tres semanas.



El “colador” de los pequeños colombianos en Europa fueron las etapas llanas donde el viento los cortaba en las cunetas y los duelos contra el reloj.

Conoce el recorrido del Mundial 

Sean Kelly, el principal favorito para ganar aquella Vuelta a España de 1987, era consciente de aquello cuando en la meta de Lagos de Covadonga declaró a las cámaras de la RTVE, con su castellano atropellado pero correcto, que Lucho Herrera perdería la carrera en la etapa contrareloj.



Por poco acierta: en efecto Lucho le cedió el liderato, además estuvo a punto de caer por la intromisión de un vehículo.

Luego vinieron los forúnculos de Kelly en ese lugar donde nacen las piernas, su posterior retiro de la carrera y la victoria de Luchito, no exenta de polémica cuando Laurent Fignon afirmó después que le habían pagado a él y su equipo para que no atacaran en una etapa llana donde el viento amenazaba con regar a los pobres colombianos como insecticos bajo un huracán.



Cierto o no, nunca olvidaré lo que me dijo alguna vez Pablo Hernández, ex campeón de la Vuelta a Colombia, quien fuera el primer entrenador de Lucho Herrera cuando apenas era un juvenil: “Lucho ganó porque Kelly se retiró de la competencia”.

Antes había rodado Martín Emilio “Chochise” Rodrígez, ese vagón impresionante de potencia que llegó viejo y “desbarnecido” a Europa, y aún así corrió con Gimondi una contrarreloj por parejas de cien kilómetros donde terminaron echándose al bolsillo la victoria.



Después aparecería Fabio Parra, un corredor robusto y alto, el más completo de aquella generación de los ochenta, que aunque no trepaba con la solvencia de los otros, sí se defendía bien contra el minutero.

Y hubo también algunas excepciones a la norma: Santiago Botero, que le arrebató un campeonato mundial de contrarreloj nada menos que a Lance Armstrong; Víctor Hugo Peña, haciendo saltar el cronómetro en un Giro de Italia, como lo conseguiría Rigoberto Urán años más tarde.

Mis tíos se hastiaron de ver tanto ciclismo en los ochenta.





Decían que los colombianos, cuando eran buenos trepando fallaban en la crono, pero si les entrenaban para correr contra el reloj perdían esa gracia que tenían para subir bien…

¡Y seguían fallando en la crono!

Nairo Quintana, el mejor posicionado entre los favoritos durante la crono inaugural de la Vuelta en Málaga, algunas veces se ha librado de aquella maldición de los colombianos con el reloj.

Parece que esta vez el minutero lo trató bien, pero queda otra, les queda otra, a él y los otros colombianos de la quiniela de la Vuelta. .

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